Mes: abril 2025

Donald Trump no es Frankenstein

La llegada de Trump a la presidencia de EE.UU. no debe verse como un fenómeno inexplicable y misterioso sino como la consecuencia lógica (y el resultado) de una crisis profunda del modelo económico, social y político en el que hemos vivido hasta ahora y que ha demostrado, como se dijo hace mucho tiempo, su inviabilidad. Ni los recursos del planeta son infinitos, ni el progreso económico puede ser ilimitado al basarse en el consumo, cada vez más voraz, de dichos recursos. No nos puede extrañar que una sociedad a la que le vendieron un ideal de futuro basado en ese progreso indefinido e infinito se sienta ahora perdida y abandonada al ver que las nuevas generaciones van a vivir peor que quienes les precedieron. De ahí nace la añoranza del pasado, en la que algunos sueñan, para volver a ese sueño de una vida con un crecimiento económico infinito, con casas unifamiliares con jardín y, en España, con piscina.

Asistimos, pues, a una crisis del modelo capitalista o neocapitalista que se ha encontrado con los límites del planeta. Con una crisis que reacciona contra el «proyecto ilustrado» de la Edad moderna basado en la razón que desprecia la ignorancia y la superstición, y que dio lugar a las Revoluciones burguesas, al Liberalismo político y al Estado de derecho. Aquellas que acabaron con la servidumbre y con el autoritarismo de origen divino del Antiguo Régimen. Ya no nos acordamos, pero hace nada el ser humano carecía de valor y de derechos al ser simplemente un siervo del rey de la nobleza, y adquirió su dignidad cuando acabó con la sociedad estamental e hizo surgir el concepto de «ciudadanía».

«¡Atrévete a pensar! decía Kant para recordarnos que es la razón la que debe dirigir nuestras vidas. No daría crédito a lo que vemos ahora mismo: una sociedad para la que la ignorancia es más que la sabiduría, y la superstición y los miedos tienen más fuerza que la razón.

No deberíamos ver a Trump únicamente como el Frankenstein del Partido Republicano.
[…] el sueño de la globalización feliz del neoliberalismo progresista —si es que alguna vez existió— se desvanece. El despertar de este sueño ha traído consigo una marcada inestabilidad política, fruto de la desafección de amplios sectores de la sociedad, traumatizados por los efectos de una crisis que ha hecho colapsar su mundo.
[…]
El crecimiento del autoritarismo tampoco puede disociarse de la crisis ecológica que atravesamos, la cual ha cambiado el propio significado del “fin de la historia”, que ya no se percibe como un horizonte utópico de progreso y democracia perpetuos […]. De hecho, el sociólogo Immanuel Wallerstein ya planteó hace tiempo que las crisis cíclicas del capitalismo serían cada vez más frecuentes al chocar con los límites del planeta.
[…]
ha puesto en crisis el propio paradigma del “progreso” sobre el que se construyó la modernidad. Así, mientras el fascismo clásico proponía un proyecto de futuro, la ultraderecha actual, ante los crecientes temores a un horizonte incierto marcado por el cambio climático y un mundo en crisis, plantea un regreso (imposible) a un pasado de “abundancia”, al menos para la mal llamada “civilización occidental”; una propuesta
reaccionaria que conecta con la utopía capitalista del crecimiento sin límites. Si ya no podemos aspirar a vivir mejor que nuestros padres, al menos aspiramos a vivir como ellos; la expectativa no es ya mejorar, sino evitar empeorar.
[…]
La rabia ante esta pérdida genera una suerte de sentimiento de “derechos agraviados” entre sectores que históricamente gozaron de privilegios relativos. […] [en EE.UU. el sueño del American Way of Life sería ese paradigma perdido]
[…]
Así, la apología del pasado por parte de la extrema derecha se convierte en una estrategia para cancelar la posibilidad de imaginar un futuro distinto.
[…]
[Incertidumbre y miedo] vacía la democracia hasta reducirla a su cascarón: el voto como mero ritual. Porque, cuando los mecanismos de
cohesión social dejan de funcionar y se constata la imposibilidad de sostener la aparente prosperidad de las clases medias, se fortalece el cierre autoritario para mantener el orden. A la vez, se necesitan chivos expiatorios —ciertas minorías, la población migrante, los movimientos feministas, el ecologismo— hacia los que canalizar el malestar de unas clases medias en declive, de modo que la ira siempre se dirija hacia abajo. […] [Es] la promesa de seguridad en un mundo cada vez más incierto. Pero es una seguridad construida a la contra, que se sostiene
sobre la inseguridad del otro.
Así, ante los miedos, las incertidumbres, los límites del planeta y la crisis ecológica, la extrema derecha ofrece una respuesta y una alternativa para recuperar el control: [el] autoritarismo.
[…]
Lejos de ser una anomalía, el auge de las fuerzas autoritarias de extrema derecha debe entenderse precisamente como una consecuencia lógica del momento de crisis sistémica en el que nos
encontramos. No deberíamos ver a Trump únicamente como el Frankenstein del Partido Republicano, sino como la manifestación de un fenómeno que trasciende las fronteras de EE UU: el autoritarismo reaccionario. Por ello, es crucial analizar la victoria de Trump no como
un accidente en la política estadounidense, sino como el síntoma de [un modelo económico-político inmerso en una profunda crisis de la que deberemos salir con la propuesta de uno nuevo].

miguel urbán crespo, «La crisis capitalista y la promesa reaccionaria de la extrema derecha» – Revista público, marzo 2025, pág. 15

¿Qué característica comparten los grupos y partidos de extrema derecha?

El problema de los grupos de ultraderecha no es menor: mientras en las elecciones europeas de 1984 conseguían menos del 4% de los votos, en las últimas elecciones superaron la barrera del 25%; de hecho, si los tres grupos ultras se unieran, serían la primera fuerza política en el Parlamento europeo. Más aún, tres países de la Unión tienen presidentes de partidos de extrema derecha y en otros ocho participan en el gobierno de manera directa o indirecta; resumiendo: 11 países de los 27 están gobernados o participan en el gobierno partidos de ultraderecha. Asimismo, los encontramos en los gobiernos de EE.UU., Argentina, El Salvador, Israel, e incluso en India que es también otro ejemplo de «autocracia electoral» nacionalista.

Steven Forti, catedrático de la Univesidad Autónoma de Barcelona, defiende que, a pesar de las diferencias, todos los grupos y partidos de extrema derecha comparten una serie de características comunes desde el punto de vista ideológico. Éstas son:

  • un marcado nacionalismo,
  • un nativismo y un identatirismo que les lleva a la condena de la inmigración a la que consideran como «invasión»; de ahí su xenofobia, su islamofobia y su desprecio hacia las poblaciones indígenas. (Es llamativa, por ejemplo, la xenofobia que encontramos en Chile hacia los venezolanos).
  • una actitud contraria a las sociedades abiertas,
  • una crítica a la globalización y al multilateralismo,
  • una visión autoritaria de la sociedad, centrada en el lema «ley y orden»,
  • un desprecio a todo lo que suponga progresismo,
  • un antiintelectualismo,
  • una defensa de los valores conservadores y de las tradiciones,
  • y una toma de distancia formal del fascismo histórico hacia el que sienten admiración, a veces, no disimulada.

Curiosamente, a estas características se une un atractivo para los jóvenes: la de presentarse como «rebeldes antisistema». Una actitud que consigue lo que toda generación joven busca: demostrar su identidad en oposición a las de los mayores; y para eso nada mejor que una actitud que saca de quicio a esos adultos que aún creen en la democracia y en las instituciones. Una democracia y unas instituciones de las que se sienten orgullosos porque ellos colaboraron para hacerlas posibles y para acabar con cuarenta años de dictadura franquista de los que ahora les cuentan que no era tan mala.

Todos estos partidos y grupos de extrema derecha tienen, también, en común la utilización de las nuevas tecnologías y de las redes sociales como herramientas de propaganda y de difusión de sus mensajes. Asimismo, han puesto de moda el empleo de una retórica trasgresora y provocadora que antes se consideraba inaceptable y se identificaba con la falta de preparación y el mal gusto y ahora se considera una característica de los verdaderos políticos del pueblo (frente a las élites educadas) aquellos que les revelan la verdad ocultada por quienes han ostentado el poder hasta ahora. En fin, «Populismo» de manual.

Otro de sus objetivos es generar desconfianza entre los ciudadanos hacia las instituciones y los expertos mediante la difusión de mentiras y de teorías conspiranoicas que calan profundamente en los miedos paranoicos de muchos ciudadanos. Todo con un objetivo claro que es marcar el debate público y mantener la iniciativa política.

El resultado es una sociedad cerrada, intransigente y polarizada en la que el enfrentamiento entre sus ciudadanos se convierte en un peligroso mecanismo político que no parece llevarnos a ningún lugar deseable.

Comparten redes trasnacionales enormes

Los grupos y partidos políticos de extrema derecha están organizados internacionalmente a través de enormes redes trasnacionales con una cantidad de recursos económicos ingentes. Esto les permite el intercambio de ideas y una colaboración fluida con una red de fundaciones, «think tanks», asociaciones y organizaciones internacionales que trabajan para la creación de lazos entre estos grupos, ofreciéndoles todo tipo de idearios y de apoyos en la organización de grandes citas en las que se conocen entre ellos y recaban apoyos mutuos. En esa amalgama se encuentran también en estrecha colaboración con las redes del integrismo cristiano (incluidos los ultraortodoxos rusos) con los que comparten su defensa de los valores tradicionales. Asimismo, han puesto en marcha instituciones educativas para formar a sus cuadros que luego ostentarán cargos políticos y organizativos.

No deja de ser una paradoja que los más ultranacionalistas hayan conseguido forjar una especie de internacional reaccionaria.

Steven forti, El bosque, no los árboles. La extrema derecha como una gran familia global – Revista público – marzo 2025, págs. 8,9