Mes: mayo 2026

Las tres olas del feminismo

En las últimas décadas el feminismo ha ganado espacio social hasta convertirse en un influyente movimiento de emancipación utópico global que no sólo defiende los derechos de las mujeres, sino que aspira a generar un universo teórico de transformación. Como defiende la filósofa y exeurodiputada Ángela Sierra, su objetivo es reducir el sufrimiento del conjunto de la población mediante una teoría explicativa de la realidad social y un corpus de leyes.
[…]
[El binomio sexo / género]
En el uso médico del binomio sexo/género, el término sexo indica una biología que nos viene dada por que es maleable. Por el contrario, el término género designa la percepción interior que las personas tienen de su identidad como seres sexuales. Así pues, en este contexto de significado, el género opera como una categoría psicológica.

Patrícia Soley-Beltran, La babel feminista. apuntes para una traducción cultural del concepto ‘género’ – revista Tinta libre, diciembre 2025, pág. 43

Las tres olas del feminismo

La primera ola feminista corresponde con el movimiento sufragista del s. XIX.

La segunda ola se produce entre los años 60 y 70 del s. XX y nace a partir de la conversión del concepto de género que se convierte en una categoría sociológica. De este modo, el género, se considera una construcción social que, como tal, explica la desigualdad entre hombres y mujeres, abriendo la puerta a la redefinición necesaria y posible de un nuevo modelo de lo femenino (y de lo masculino).

La tercera ola y el movimiento «queer» lo que hizo fue problematizar los conceptos de género y abrir la posibilidad a la existencia de alternativas a los dos considerados axiomáticamente como únicos.

La Tercera ola no busca reforzar un concepto estable de la identidad (ni femenina ni masculina), sino señalar sus paradojas, discontinuidades y vulnerabilidades. [De ahí la ambigüedad queer].

ÍBID., PÁG. 44

    Bernat Castany Prado – «A cara de hiena». TintaLibre, diciembre 2025

    Como dice Pessoa […] «si el corazón pudiera pensar, se pararía».
    […]
    Sí, después de pensarlo mucho, pienso que deberíamos pensar menos, y estar encantados de habernos desconocido.

    íbid., pág. 39

    La vida es perplejidad y la experiencia estética puede convertirse en una forma de afrontarla.

    [En su «Crítica del juicio», KANT define la experiencia estética como] la contemplación gratuita del mundo, que deja pasar ante sí las formas, las palabras y los sucesos, sin tratar de reunirlos en estructuras conceptuales cerradas, sino permitiendo que se agreguen y se desagreguen libremente ante nosotros, como el que contempla las motas de polvo en un rayo de sol u observa cómo cambian las formas de las nubes. Quizás este tipo de mirada no agote la infinita variedad de experiencias […]. Pero designa una forma muy placentera, y muy libre, de mirar el mundo.

    íbid., pág. 40

    Y es que quien dibuja el terreno de juego de lo posible, ha ganado la partida de lo real.

    íbid., pág. 40

    Por eso la comicidad filosófica no aspira a vivir sin gravedad, sin abolir el falso realismo, para asumir el verdadero principio de realidad. Porque en gravedad cero, no es posible la vida, que está tan necesitada de puntos de apoyo como de puntos de impulso. No, nuestra aspiración no puede ser flotar incontroladamente, abrazados a la paloma de Kant, que soñaba con volar en el vacío, en el cual es imposible volar, porque sin resistencia no puede haber impulso… Sería mejor que aprendiésemos a encarar con ligereza la caída inevitable, como aquel hombre que se cayó de un rascacielos, y, a medida que caía, repetía: «Hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien…»

    íbid., pág. 40

    Bernat Castany Prado – «Una mirada daltónica al mundo del fútbol: pensar en verde». TintaLibre, mayo 2026

    Un poco como el hombre que fue al psiquiatra porque cada noche soñaba con hormigas que jugaban al fútbol y, cuando el psiquiatra le recetó unas pastillas que debían acabar con esos sueños, exclamó: «¡Sí, hombre, ahora que se acerca la final!».

    Íbid., pág 7

    Epicteto presentó al filósofo como un espectador de espectadores, que no contempla la arena del circo, sino las gradas en las que él mismo se halla sentado.

    Íbid., pág.6

    Los Monthy Python […] organizaron un partido entre un equipo de filósofos alemanes y otro de filósofos griegos. Tras los primeros 88 minutos, que todos los filósofos habían dilapidado absortos en sus reflexiones, sin hacerle ningún caso a la pelota, Karl Marx saltará al terreno de juego, marcando, de ese modo, el paso de la comprensión del mundo a su transformación, tal y como él mismo postuló en la undécima tesis sobre Feuerbach. Si bien, en el minuto 89, Arquímedes despertará al equipo griego gritando «¡Eureka!», después de haber comprendido que, en vez de vagar por el campo, perdidos en solitarias especulaciones metafísicas, los jugadores pueden hacer algo con el balón. El partido se anima entonces, de golpe, nunca mejor dicho, y el equipo griego acaba marcando el gol definitivo del único modo en que este podía ser marcado, esto es, de cabeza. Titular: «El fútbol sin filosofía es ciego, y la filosofía sin fútbol, coja».

    Íbid., pág.6

    Creo [en] […] la capacidad del ser humano para electrizar y significar un mundo absurdo, sin apelar a ningún tipo de instancia trascendente (ya sean dioses o ideas platónicas), sino por un mero acto de voluntad, individual y colectiva.

    (Íbid. pág.6)

    No somos; al hacer nos producimos.

    Según dice Marina Garcés en El tiempo de la promesa, hay un momento en la infancia o la adolescencia en el que todo el mundo se hace, de forma explícita o implícita, una promesa acerca de lo que quiere ser. A partir de ese momento, el resto de nuestra vida es un vaivén entre cumplirla y traicionarla.

    Íbid., pág. 9

    Si es cierto que la filosofía es quitarle la silla a lo que damos por sentado, caigamos en la cuenta de que una de las principales causas (no la única) de nuestra infelicidad es nuestra incapacidad para darnos cuenta de que ya somos, de hecho, felices. [….] Canguilhem definió bellamente la salud como el silencio del cuerpo. Pero ¿y si una de las fuentes de nuestra infelicidad fuese nuestra incapacidad para oír la música de la salud? Porque esa bendición nos resulta, por lo general, inaudible, y sólo reparamos en ella cuando toca repararla. Y eso mismo nos sucede con la felicidad, en general, que la ignoramos cuando está, y sólo la reconocemos, como dice Jacques Prévert, por el ruido que hace al marcharse.

    bid., pág. 9