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Bernat Castany Prado – «Felicidad de mínimos. Filosofía y salud mental»

Hemos patologizado la vida. Cualquier contratiempo, cualquier problema existencial, moral o político lo hemos convertido en una enfermedad, y así nos convencemos de que tiene una fácil solución fácil y automática mediante un medicamento. Ni siquiera cuando recurrimos a terapias para afrontar los problemas estamos dispuestos a que nos digan que lo que nos ocurre se debe a una serie de hábitos que debemos cambiar , ni estamos dispuestos a razonar nuestra situación y modificar todo aquello que nos revele nuestro análisis. Hemos olvidado que, a veces, simplemente debemos aceptar el carácter problemático de la vida y de las situaciones a las que nos enfrentamos. Recuerda a la actitud de aquel psiquiatra que decía lastimeramente: «¡a mí no me cuente su vida!; que yo soy pastillero». Así que no me aburra, no me haga pensar, no me obligue a cambiar, no me diga que debo aceptar lo que me sucede: ¡deme una pastilla ya!.

Enrique Jardiel Poncela decía que «la medicina es el arte de acompañar al enfermo hasta la tumba consolándolo con palabras griegas». Esta broma, más propia de un tiempo pasado no mejor, en el que la medicina dejaba al enfermo, en el mejor de los casos, tal y como estaba, ha recobrado cierta actualidad en el ámbito de la psicología y la psiquiatría. Lo cual no es culpa suya, sino del nuevo paradigma de la «salud mental», que les está obligando a tratar, como si fuesen meras enfermedades, lo que en muchas ocasiones son sobre todo problemas existenciales, morales o políticos, que piden (a gritos) otro tipo de enfoque.
[…]
Primero, este nuevo enfoque ha acabado dando lugar a una especie de inflación patologizante, Pues identificar, de un lado, «la salud mental» con la «felicidad», y, del otro, «la felicidad» con la ausencia de toda insatisfacción o tristeza, nos ha condenado a sentirnos permanentemente enfermos, en lugar de razonablemente infelices. […] Pues a nosotros nos falta poco para que sea una excepción llorar de tristeza natural. El problema de fondo -esto es, filosófico- es que el enfoque patologizante concibe el cambio, la imperfección y la finitud como virus o bacterias que podemos destruir; y la tristeza, el miedo y la frustración que suelen provocarnos, como síntomas que debemos eliminar. Cuando son rasgos estructurales de la realidad, y de la vida. […] Es célebre la metáfora kantiana de la paloma que, al notar la resistencia del aire en sus alas, pensó que en el vacío volaría mejor, cuando en el vacío es imposible volar, porque la resistencia del aire es a la vez límite y condición de posibilidad. Por eso, para Goethe, lo romántico, que odia el límite, es «lo enfermo», y lo clásico, que intenta amarlo, es «lo sano».
[…]
Segundo, la idea misma de que la salud/felicidad es la ausencia de toda tristeza o insatisfacción tiende a provocarnos una cierta hipocondría psicológica, que hace que muchos de nosotros no suframos tanto por estar tristes o ansiosos, como no sentirnos lo suficientemente felices y satisfechos. Nos hemos vuelto como aquel hombre que despertó a su mujer porque se había olvidado de tomar las pastillas para dormir.

Revista tinta libre, marzo 2024, pág. 14

«¡A la psicología, lo que es de la psicología, y a la filosofía, lo que es de la filosofía!»

La filosofía (abandonada socialmente durante tanto tiempo) recupera, en este momento, su utilidad esencial como diálogo sobre la estrategia, es decir, sobre los objetivos de la vida personal y social, y sobre los medios para alcanzarlos.

Como en cualquier otro momento de la historia, estamos ante una situación que requiere análisis y discusión racional. La diferencia con los anteriores puede estribar en la necesidad de desenmascaramiento de su verdadero carácter. Pues estamos errando el enfoque: una comprensión profunda de los problemas que se nos presentan como personales (psicológicos-individuales) puede desvelarnos que, en realidad, son éticos y políticos (dentro del ámbito de lo social y de lo colectivo -tan denostado últimamente).

Como explica Naomi Klein, el poder económico y el capitalismo tecnológico están interesados en reducir la vida y la política a una simple reacción constante a una sucesión de emergencias o «crisis existenciales, económicas, sociales o ecológicas, con el objetivo de que no podamos pensar ni organizarnos«. La idea, como señalan Edgar Cabanas y Eva Illouz es «despolitizar el malestar que nos provoca la precariedad o la alienación» para evitar que los individuos se rebelen contra una situación de absoluta injusticia.

La epidemia de la psicopatología

Parece como si debiéramos instalarnos en una especie de masoquismo psicológico en el que no debemos ver cuan moderadamente felices somos sino castigarnos por no sentirnos lo suficientemente felices y satisfechos, situados en un máximo siempre inalcanzable e irreal. Es como aquel hombre que despertó a su mujer porque no se había tomado las pastillas para dormir. Estamos tan obsesionados y hemos perdido la brújula de tal manera que nuestra actitud colabora con el problema en lugar de poner de su parte para solucionarlo.

El sistema de salud mental está sobrecargado porque se han considerado como problemas propios lo que no son sino problemas sociales, éticos y políticos. Cuando los profesionales de la salud han comenzado a comprender esta situación es cuando han empezado a distinguir entre lo que son verdaderas patologías, de aquello que requiere un enfoque más filosófico (ético-político) que terapéutico. Un enfoque que, para el paciente, en el fondo, resulta emancipador.

En este sentido la filosofía (no al académica, ni la malentendida «filosofía de autoayuda» que ni es filosofía ni ha ayudado nunca a nadie -como señala el autor-) puede «cumplir una función importante en el bienestar de las personas» al aportar un nuevo enfoque. Hablamos de la filosofía entendida como «práxis», es decir, como filosofía práctica ocupada por ayudar a la persona (y al grupo social) a determinar los fines y las reglas existenciales para la vida. Un proyecto existencial en el que se respete la idiosincrasia de lo real, recogiendo la variabilidad, la finitud, la imprecisión, las exigencias, los miedos y las tentaciones como elementos esenciales de la vida.

La filosofía es un intento de resistir a las sirenas (griegas) del idealismo, que entendemos aquí como una fantasía compensatoria de corte nihilista. Frente a los rasgos constitutivos de lo vivo, como son el cambio, al imperfección o la impureza, sueña con otro mundo, teológico o metafísico, que posee los rasgos constitutivos de lo muerto, coo son la estabilidad, la perfección o la pureza. Cuando un psicólogo como Peter Gray afirma que la actual «epidemia de psicopatología» en niños y adolescentes está relacionada con la reducción gradual del nivel de independencia de los jóvenes, tenemos que ser capaces de ver que detrás de esa ansiosa hiperprotección, esté el miedo idealista hacia la realidad, que sólo podemos comprender y combatir gracias a la filosofía.»

ibid, pág. 17

«Hay que repolitizar nuestro malestar». Olvidémonos de la autoayuda que convierte todos los problemas en problemas individuales que el sujeto debe solucionar por sí mismo: «privatizando nuestro malestar» y descontextualizándolo de sus «circunstancias materiales colectivas». Mark Fisher la describe como una «hedonía depresiva» en la que «nuestras sensaciones de asco y vergüenza tienen un profundo significado político» (Martha Nussbaum).

Descubramos hasta qué punto estamos alienados e instrumentalizados por un sistema político-económico absolutamente deshumanizante.

Decía Chesterton que «demasiado capitalismo no quiere decir muchos capitalistas, sino muy pocos capitalistas». Y es posible que una sociedad mentalmente sana no quiera decir muchas personas «felices» (al menos no en el sentido que la happycracias nos inflige), sino muchas personas capaces de lidiar con las infelicidades constitutivas de la vida (lo cual es toda la felicidad a la que podemos aspirar). Debemos resistir, pues, la tentación de concebir la vida como una enfermedad. Para ello debemos aprender a distinguir entre aquello que puede ser tratado mediante la práctica filosófico-literaria, y que debería impregnar la educación, la sociabilidad y la política, y aquello que excede sus competencias, y necesita de ayuda psicológica y psiquiátrica. La frontera no es clara, porque nada lo es. Y no pasa nada.

[…] la filosofía de este artículo es imperfecta [como lo es cualquier filosofía honesta,…] pero es tan sabia,…

Ibid, pág. 17

Bernat Castany Prado – «La Mesías más atea»

https://www.infolibre.es/tintalibre/mesias-atea_1_1687589.html

En sus manos, [en las de cualquier bastardo] el lenguaje con el que debía comunicarse se convierte en un laberinto de falsedades; la comunidad con la que debía protegerse se transforma en servidumbre voluntaria; y la imaginación con la que había de aumentar su vida se erige en fuente de odio hacia la realidad. Es precisamente este último tropiezo, en la forma en que la religión suele practicarlo, el tema fundamental de una serie como La Mesías, de Javier Calvo y Javier Ambrossi, cuyo argumento puede resumirse con aquel chiste en el que un niño le pregunta a un cura: “Padre, si hay más allá, ¿hay menos aquí?” Y es que el mundo de las fantasías compensatorias y el de la realidad impura y dura forman un peligroso sistema de vasos comunicantes (que algunos suelen aprovechar para vaciarnos el depósito). Como dice Nietzsche en El anticristo: “Si se coloca el centro de la vida, no en la vida, sino en el ‘más allá’ –en la nada–, se le quita a la vida en general el centro de gravedad.” (Aunque yo prefiero el chiste del niño.)

[…] [La negación del cambio, de la mezcla y de la imperfección] implica una negación total de la vida, ya que el cambio, la mezcla y la imperfección no son errores contingentes que podamos depurar, sino aspectos necesarios de la realidad, que se toma o se deja, pues no puede asumirse a beneficio de inventario. […] [La realidad es algo muy real -ya lo decía Gómez de la Serna: «la realidad es la más profunda desapariencia, todo en ella es verdad, demasiado verdad»- por ello es un lugar] muy imperfecto, muy mezclado y muy expuesto al cambio. […] Porque la vida es confusa, precaria, dolorosa y (paradójicamente) breve. Y aun así la cola del ratón de la realidad siempre será mejor que la cabeza del león de la fantasía.

[…] El problema es que la vida es un incendio que no se apaga, por muy fuerte que cerremos los ojos.

[…] la reacción religiosa cada vez que hay tormenta. Esto es, muy a menudo. Como si dijesen: “¿No veis que no sabéis volar solos, y que es la hora de regresar a la misma casa en la que os cortamos las alas?”

De hecho, a mí me hubiese gustado que alguno de los personajes de La mesías hubiese sido capaz de construir una actitud celebratoria respecto de la realidad, logrando, como propone Spinoza, que el amor a la vida supere al miedo a la muerte. Un personaje capaz de hacer el duelo del ideal para, a continuación, decir sí a la vida, a pesar de todo. Un personaje dispuesto a pulverizarse el coxis recorriendo el mundo subido en el rucio cojo de la realidad. Porque, como dice el refrán, quien quiera mula sin defecto, que se prepare a ir a pie. Un personaje, en fin, capaz de invertir el argumento ontológico de san Anselmo (según el cual, el hecho de que la idea de Dios sea perfecta implica que es también real, porque uno de los rasgos de la perfección es la existencia), asumiendo valerosamente que, si una idea es perfecta, entonces es que no existe, porque uno de los atributos esenciales de la realidad es la imperfección. Y que dijese, como un pescador gallego ante un banco de atunes: “Demasiado bonito para ser verdad…

[…] ¿No es ése, en definitiva, el proyecto ilustrado: acabar con nuestras fantasías infantiles, para liberarnos de aquellos que las agitan con el objetivo de dominarnos?

[… ] Pues el “ya descansaremos cuando estemos muertos” no se diferencia mucho de la idea de que este mundo es un valle de lágrimas, en el que debemos sacrificarnos para salvarnos en el más allá.

[…] Según un viejo cuento africano, que ya le hubiese gustado escribir a Nietzsche, una mujer iba por los pueblos con un cubo de agua y una antorcha encendida. Un niño le preguntó la razón de su extraño comportamiento, y la mujer le dijo: “La antorcha es para quemar el paraíso, y el cubo de agua, para apagar el infierno.” “Pero ¿por qué quieres apagar el infierno e incendiar el paraíso?” –quiso saber el niño. Y la mujer le respondió: “Porque todo está aquí.” No necesitamos ningún otro tipo de mesías.

Revista tinta libre, enero 2024 (Infolibre)

Estrategia de periodismo mal entendido

Una nueva estrategia, presente en los medios, de eso que cualquier alumno de periodismo estudió como «mal periodismo», consiste en balancear intencionadamente las opiniones haciéndonos creer que se nos ofrece una información profesional, equilibrada e imparcial. Así lo explica Vergara:


O dicho con otras palabras…

La extrema derecha y su discurso «contra»

Con la extrema derecha asistimos a un discurso político que no necesita hacer propuestas ni articular un programa político al uso, por cuanto todo su comportamiento es «reactivo«, con un discurso que no es propositivo sino «contra«:

  • La inmigración.
  • Las élites.
  • Los políticos.
  • Los periodistas.
  • Los intelectuales,…

Es decir, un populismo de manual. En el que se busca:

  • El control de los medios de comunicación de masas y de las redes sociales para hacer llegar a todas partes unos mensajes sencillos (sin la elaboración necesaria que exigiría el empleo de datos, evidencias o razones) y contundentes (como eslóganes que alcanzan fácilmente a su público objetivo, y que éste puede aprender y repetir como un «mantra») -ya se sabe que las respuestas elaboradas y fundamentadas son cosas de esos «intelectuales» a los que tanto desprecian.
  • El empleo de mentiras y de falsos relatos. Es algo que encaja perfectamente con este discurso en el que lo importante no es la realidad sino lo que cada uno crea. Pues son las creencias lo fundamental y no el conocimiento. De ahí la importancia y el valor que dan a ciertos individuos en quienes confían absolutamente, con una confianza casi mística e inquebrantable. Para los partidarios de estos grupos la verdad está oculta, y lo está por el carácter malintencionado de las élites que se dedican a engañar con su verborrea sofisticada, intelectual y científica, sólo al alcance de unos pocos. Aquí, en cambio, se está con el pueblo y se le ofrece la posibilidad de conocer lo que se les ha ocultado. Y lo hacen a través de sus gurús: los únicos honestos, los que desvelan, los reveladores de lo que otros no quieren que sepas. De ahí su gusto por la «conspiranoia» porque, para ellos, las élites manejan la realidad y el discurso según patrones e intereses ocultos. Unas élites formadas por grandes fortunas, líderes tecnológicos que desean dominar el mundo a través del control de la mente de los individuos, con el apoyo de intelectuales, científicos y periodistas vendidos a sus oscuros intereses.
  • Sus maneras no son refinadas. Sus políticos no son refinados, son bruscos porque tienen las maneras del pueblo al que representan: ellos simplemente hacen lo que las personas a las que se dirigen harían si dejaran salir toda esa frustración que no saben explicar ni solucionar. Está claro que su conducta -piensan- se traduciría en exabruptos como los que estos «nuevos políticos» les ofrecen. Ellos, con sus maneras descorteses, con sus salidas de tono, sus bravuconadas e insultos, sus bromas de mal gusto, sus comentarios machistas, sus «motosierras»,… muestran el desprecio que comparten hacia las élites amaneradas por una cortesía educada que les pone en desventaja frente a estos «faltones» que tanta gracia les hacen a sus fanáticos seguidores. Sin embargo, sus opositores no deben enfadarse porque hábilmente todo esto lo enmascaran como si fuera un juego banal en el que todo está permitido. Pero realmente no es un juego, ni es banal lo que plantean.
  • El escándalo es la estrategia. Crear escándalos y provocaciones consigue lo que buscan: atraer la atención de la ciudadanía, y lo consiguen porque consiguen la atracción de los medios. Con los escándalos los medios consiguen la audiencia que necesitan y buscan para sobrevivir. La actitud de los medios, en este sentido, es muy importante por cuanto está demostrado que si se les dan foco, titulares y portadas, a sus escándalos los resultados de la ultraderecha en las urnas mejorarán. Si se les relega a segundo plano y sus polémicas no se convierten en el centro de atención, el efecto electoral es mucho menos favorable. Así se demostró en Bélgica con dos partidos de ultraderecha a los que se dio un trato diferente: los medios de la parte flamenca aceptaron el protagonismo que busca la ultraderecha y ésta ganó las elecciones; no sucedió lo mismo con la parte francesa, cuyos medios relativizaron el discurso de su propio partido ultraderechista cuyos resultados fueron menores.
  • Son algo nuevo y suponen una ruptura con lo anterior, de manera que los jóvenes pueden verlos como la respuesta a su rebeldía. Como la expresión de una política rebelde y trasgresora contra lo establecido. Algo nuevo y moderno, que, curiosamente, no tienen nada de nuevo ni de moderno.
  • Pero siempre su actitud es reactiva. Lo es siempre contra algo de lo que deben defenderse: de «los de arriba”, de las élites; de «los que vienen de fuera”, migrantes, musulmanes, refugiados, lo que sea; y de “los de abajo”, que abusan de los recursos del sistema de bienestar: los vagos que piden en las calles, o los parados que viven -sin dar golpe- con las «paguitas» del Estado; o las mujeres «empoderadas» que no aceptan su lugar en la sociedad como esposas y madres. Y en este contexto los nativos, los «verdaderos españoles» o los «verdaderos franceses», o los «verdaderos» de dónde sean, deben protegerse y contraatacar. Está claro que para estas formaciones el concepto de «ciudadanía», central en la formación del «Estado moderno» tras las revoluciones burguesas que acabaron con el servilismo del «Antiguo Régimen», ha perdido su sentido; un riesgo que no podemos olvidar ni minimizar.

Es muy frecuente que los sectores conservadores hagan posible que la extrema derecha gane votos, porque toman su agenda y piensan que con eso pueden conseguir votos, pero los votos van para la extrema derecha, y de esa forma facilitan que gane poder. […]

Ahora, en esta nueva cara de la extrema derecha, en las redes sociales mienten como si fuera normal, dicen cosas erróneas y no importa. El sexismo, la homofobia, el racismo, la misoginia, todo es posible. Y el discurso se ha vuelto más brutal, más explícito, se han transgredido muchos tabúes y ya no hay que usar un lenguaje codificado para discriminar. […]

Tienen un cierto imaginario de cómo deberían ser los países: en primer lugar, neoliberales, libertarios. En segundo lugar, blancos. En tercer lugar, con familias tradicionales con muchos hijos. En cuarto lugar, cristianos. Y en quinto lugar, consideran que las democracias plurales deben cambiar. Tenemos entonces el concepto de “democracias iliberales” para calificar el régimen de Viktor Orbán en Hungría, lo cual es contradictorio en sí mismo. Significa no más libertad de prensa, no más poderes legislativos y judiciales independientes, no más enseñanza y ciencia independiente, no más periodistas independientes, y así sucesivamente. De cierta forma, están en contra de los derechos humanos y de las elecciones democráticas. Y lentamente, cuando son elegidos, empiezan de alguna forma a cambiar el sistema electoral para hacer que sea casi imposible para la oposición ganar las elecciones. No permiten la pluralidad de medios, como sucede con Recep Tayyip Erdogan en Turquía, los partidos de oposición casi no tienen voz y no hay información en los medios sobre ellos. Por lo tanto, cuando son electos, hay un riesgo muy grande de autoritarismo, de restricción de las libertades y los derechos humanos.

Ruth Wodak, académica. Entrevista reproducida en eldiario.es

El caldo de cultivo está formado por gente enfadada que busca soluciones fáciles entre unas enormes desigualdades que siguen creciendo sin control. Es gente que cree que no se les escucha y que ha perdido la confianza en la política, y en las élites que ven como muy lejanas.

[El mensaje que el líder carismático ofrece es simple:] “Soy uno de ustedes y hablo en un lenguaje que tú puedes entender, y no necesitamos todos estos expertos y académicos”. Y también: “Yo digo lo que tú no te atreves a decir. Odiamos a los musulmanes, tú no lo dices, pero yo puedo decirlo, por lo tanto soy valiente”. Y todos están contra mí, entonces soy una víctima de quién sabe quién, los chinos, los judíos, [George] Soros. Y esto aparece como auténtico.

[…] Y por otro lado, le dicen a la gente: “No tienen que avergonzarse, ustedes son víctimas de estas mujeres profesionales, o son víctimas de estas minorías, pero yo les daré de nuevo la posición que tenían en la sociedad, los haré fuertes de nuevo”. Y estas estrategias les resultan muy útiles.

ibid

No hay agua para todo – Las guerras del agua

No hay agua para todo, como tampoco lo hay de cualquier elemento de nuestro planeta finito. Ante esta situación nos encontramos ante una encrucijada en la que o bien se limita y se planifica el consumo, o bien nos encontraremos ante graves problemas sociales y frente a conflictos internacionales, por cuanto el agua no sólo es necesaria para beber, para subsistir, sino que también es imprescindible para la agricultura y la ganadería, entre otros ámbitos productivos. La falta de agua nos va a abocar a la pobreza y al hambre en sociedades fundamentalmente dependientes de lo agropecuario que se verán forzadas a emigrar.

¿Qué proponen los defensores del «agua para todo»?

  • Acabar con el caudal de los ríos, evitando la llegada (es decir, el «vertido» -así suena más a desperdicio y a derroche-) del agua de los ríos al mar.

Pero es que la correntía de los ríos (eso que se llama «caudal ecológico») es esencial para el mantenimiento de un ecosistema sano en el propio río; asimismo, es esencial el aporte de nutrientes que lleva a la desembocadura y al mar haciendo posible la vida y la existencia de unos ecosistemas sanos.

  • Construir infraestructuras, sobre todo, pantanos y tuberías para llevar el agua a zonas de regadío que crecen sin control.

El problema de los pantanos, aparte de ser una infraestructura muy cara que no se construye de un día para otro, es que se utiliza para embalsar agua que no se deja correr río abajo, impidiendo la circulación y la llegada del limo a la parte posterior del río -más allá de la presa-. Sin olvidarnos de las zonas que quedan anegadas, a veces, pueblos enteros que desaparecen bajo el agua. Más aún, resulta que mucha de estas presas se construyen como centrales hidroeléctricas que pasan a ser gestionadas por la grandes eléctricas que dejan de tener como finalidad la existencia de un «caudal ecológico» en el río o el interés social del embalse para centrarse exclusivamente en intereses puramente comerciales de rentabilidad. Lo hemos visto este año 2023 en el que los altos precios de la luz ha llevado a las eléctricas a beneficios récord y al desembalse de los pantanos para hacer caja, sin pensar en la sequía, ni en quienes viven del turismo y de las actividades acuáticas en dichos pantanos. Codicia en el más puro sentido.

Un detalle más que debemos pensar tiene que ver con la cantidad, cada vea mayor, de agua que los regadíos exigen a los pantanos. Cuando la voracidad de los regadíos es tan extrema, los pantanos dejan de tener sentido y utilidad como reguladores del caudal en un régimen irregular de lluvias, porque la voracidad del regadío es tal que el agua que desembalsan es toda la que reciben de la cabecera, convirtiéndose así en puras tuberías de trasvase.

Muerte en el Nilo

El Nilo ha sido, tradicionalmente, sinónimo de Egipto. Su control y explotación ha aparecido como un activo económico y una fuente de riqueza para el país de los faraones. Sin embargo, la cosa ha cambiado cuando Etiopía, en donde nace el Nilo Azul, ha decidido construir una gran presa para aprovechar sus recursos como fuente de desarrollo para el propio país y para la zona. Hablamos de una gigantesca construcción comenzada en 2011 e inaugurada en 2022 (aún sin concluir) y que será capaz de producir ingentes cantidades de electricidad que permitirán el desarrollo de Etiopía y la venta de energía a los países limítrofes. Del mismo modo, la presa dará el poder a Etiopía de controlas la cantidad de agua que el Nilo Azul aportará al Nilo. El enfrentamiento con Egipto está servido. Hasta tal punto que Mohamed Mursi (Primer ministro egipcio, de los «Hermanos musulmanes») amenazó con bombardearla; una amenaza de intervención militar que volvió a plantear el actual dictador Abdelfattah Al Sisi. Está claro que la reacción internacional que supondría un hecho de estas características y la catástrofe natural y humanitaria que provocaría su destrucción hace que no parezca una respuesta plausible. Recordemos que estamos ante una infraestructura monstruosa que va a necesitar las lluvias de varios años para poder almacenar los 74 millones de hectómetros cúbicos que tiene previstos como capacidad. Mientras haya agua, el problema será menor, pero en los momentos de sequía, con varios años sucesivos con pocas lluvias, el problema para Egipto puede ser mayúsculo, con 100 millones de habitantes a los que alimentar y dar de beber (con campos agrícolas bañados por un Nilo sin caudal). Entonces, en esa situación, ¿resurgirá la «solución militar»? Las autoridades egipcias no han dudado en calificar a la presa del Renacimiento como un «problema de seguridad nacional».

El otro afectado, Sudán, se encuentra en una situación de guerra continua que lo le permite preocuparse por los efectos que, sobre su economía vaya a tener esta gigantesca infraestructura hidroeléctrica.

En cuanto a Egipto, la construcción de la presa de Asuán (realizada con ayuda soviética e inaugurada en 1971) fue su particular modo de aprovechar al Nilo como fuente hidroeléctrica y de controlar su caudal, algo que afectó sensiblemente al resto de la zona por la que circula el río hasta su desembocadura a la que le limitó tanto el agua como el aporte de limo que el río lleva. De hecho, si naturalmente su agua llegaba hasta prácticamente las pirámides, en la actualidad el Nilo se ha retraído varios kilómetros hacia el interior quedando sólo dos de los cuatro brazos en su desembocadura.

La situación nos permite reflexionar sobre algo que está a la vuelta de la esquina: las guerras por el agua que se van a producir, al principio por vía diplomática, después, quién sabe.

  • ¿Quién es el dueño de los ríos?
  • Crear infraestructuras hidroeléctricas supone, por un lado una fuente de riqueza para quienes son sus dueños, les permite crear electricidad y venderla; pero, por otro lado, impide el discurrir natural del agua y su aporte de arena y nutrientes al resto del río y al mar en su desembocadura. Más aún, tener una presa es una forma de poder: el de controlar el caudal y la calidad del agua que reciba quienes estén más abajo del río.
  • ¿Tiene derecho quien vive en la cabecera del río a actuar sobre la cantidad y calidad del agua que se recibe aguas abajo?
  • ¿Va a ser el agua, por su escasez, un arma política y de enfrentamiento entre países? ¿Será soportable al inseguridad alimentaria y social que va a producir?
  • ¿Será la falta de agua el principal motor de las próximas migraciones masivas?
  • ¿Deben los gobiernos poner todo su empeño en el desarrollo de nuevas técnicas de desalación más sostenibles como única vía para salir de esta situación de sequía irreversible?

Algunos datos

(Los datos y el entrecomillado corresponde a la revista de elDiario.es – «Los valores éticos del agua»)

  • El consumo, por renta, es diferente en España: mientras la clases bajas consumen por debajo de los 100 l / persona-día, las más altas se acercan a los 450 l / persona-día. La explicación está en el consumo de piscinas particulares y de zonas ajardinadas con césped que requieren mucha cantidad de agua. – La respuesta es: establecer los usos prioritarios del agua distinguiendo entre necesidades básicas y no básicas; la obligatoriedad de cubrir piscinas para reducir la evaporación; la reducción de las zonas de césped y la reutilización de agua tratada -procedente de depuradoras- para el riego; asimismo, podría incrementarse el precio del agua, por tramos, para utilizarlo como efecto disuasorio (un incremento igual para todos, no sería justo porque penalizaría a quienes menos consumen, que son quienes menos recursos poseen para afrontar este gasto).
  • La agricultura consume entre el 80 y el 93% del agua total en España. Las zonas de regadío se han ampliado de manera descontrolada en los últimos años hasta los 4,5 millones de hectáreas cultivadas (de las cuales algo menos de 4,1 son legales). En Castilla-La Mancha la superficie de regadío ha aumentado en un 65% en los últimos 25 años, siendo la segunda región con más superficie regada en España (583.000 ha). La primera es Andalucía con más de 1,1 millones de hectáreas y un crecimiento del 44,1% en los últimos 25 años. Los cambios más llamativos tienen que ver con la conversión de leñosos de olivar, almendro y viñedo de secano a regadío, con 875.000, 400.000 y 140.000 ha, respectivamente. Otro leñoso de nueva implantación -y de crecimiento muy rápido- es el pistacho, con 20.000 ha, en su mayoría, en Castilla-La Mancha.
  • Aunque resulte contradictorio, a primera vista, los recursos dedicados a la modernización de regadíos por formas más eficientes, no se han utilizado para esto sino para ampliar las zonas regables.
  • En los últimos 25 o 30 años el consumo de agua ha crecido mientas el agua disponible se ha reducido entre un 15 y un 20% por el cambio climático que ha actuado reduciendo el régimen de lluvias y aumentando la temperatura, lo que supone mayores índices de evaporación.
  • Son espacios naturales amenazados por la extracción de los pozos y la desmedida voracidad del regadío: el Parque natural de Doñana, las Tablas de Daimiel (a las que se le hacen trasvases de emergencia para evitar que se vuelvan a producir los incendios subterráneos de las turberas), los humedales manchegos (Las Lagunas de Ruidera, por ejemplo), el Mar Menor,…
  • Sobreexplotación de los acuíferos: en la última campaña de inspección del Seprona en Cuenca, Albacete y Ciudad Real se descubrió que el 99% de los pozos tenían los caudalímetros manipulados para poder extraer más de los 7.000 m3 anuales autorizados.
  • La proliferación del regadío supone un uso masivo de fertilizantes y plaguicidas que contaminan de manera severa el entorno (pensemos en la eutrificación y las muertes masivas de peces que se produce en el Mar Menor). El uso de nitratos como abono, junto con los que producen las macrogranjas intensivas ha hecho que, en los últimos años, el agua de abastecimiento doméstico de más de un millón de personas supere los niveles autorizados, lo que supone un riesgo para la salud de las personas y obliga al abastecimiento de poblaciones mediante cubas o barcos.
  • En las zonas costeras, la sobreexplotación de los acuíferos conlleva la contaminación salina de los mismos por una pérdida de caudal que permite la entrada de agua salobre procedente del mar. En el Campo de Cartagena esta salobridad se ha intentado contrarrestar con mini desaladoras instaladas bajo tierra para no ser detectados los pozos, llegando, incluso a enterrar vehículos para utilizar sus baterías -y no un tendido eléctrico convencional- como fuente de energía para estos dispositivos ilegales. Más aún, cuando se produjo la larga sequía se autorizó la creación de «pozos de sequía» que, superado el periodo de falta de precipitaciones, continúan operativos.
  • El 44% del agua subterránea de España está en mal estado, bien por estar sobreexplotada o por contaminada por nitratos o por ambas razones.
  • Hemos vivido 30 años de absoluta falta de control.
  • El retorno del consumo de las ciudades es de un 80%, mientras que el del regadío es de sólo el 10%.
  • Necesitamos recuperar el equilibro hídrico consumiendo, de manera racional, un recurso que es limitado y que, cada vez, es más escaso. En consecuencia, debemos planificar su uso y limitarlo para que se acomode a las existencias, priorizando los usos básicos y limitando la explotación desmedida del recurso. Esto significa reducir la superficie regable y las explotaciones de macrogranjas intensivas.
  • El 75% de la producción hortofrutícola española se dedica a la exportación, por lo tanto el problema no es de abastecimiento.
  • España es «el primer productor mundial de aceite de oliva; tercero en producción de vino; primer exportador de frutos rojos de la UE, junto a Países Bajos; y tercer país en producción de carne de cerdo a nivel mundial y primero de Europa.» (pág. 43)
  • Aguacate y mango en Málaga, sin comentarios.

En la Loma de Úbeda, en Jaén, perforan el suelo como si no hubiera un mañana en busca de agua para salvar los olivares y pinchan en el acuífero gigantesco y confinado del que nadie sabía hasta entonces. El agua liberada tiene tal presión que sale a razón de 100 litros por segundo. Los olivos celebran su conversión al regadío multiplicando hasta por cinco la cosecha típica de un año de lluvias con el árbol en secano. La fórmula vigente de la PAC, que pagaba entonces por producción, riega los bolsillos de los olivareros de la Loma. El efecto contagio es inmenso. El que ve los árboles del vecino rebosando aceituna preñada de aceite pincha sus tierras sin descanso ni autorización en busca del agua. “Aquello era un dineral”, dicen acordándose de la sensación cuando cobraron la PAC los primeros años de puesta en riego.
Cuando, a finales de 1995, vuelvan las lluvias de forma abundante, nadie en la Loma de Úbeda se planteará ya devolver a secano sus olivos. Al contrario. Siguen perforando sin descanso y extendiendo la puesta en regadío, alentados por los anuncios orgullosos de las administraciones sobre su capacidad de producción. Muchos en La Loma intentan lograr que se regularice su situación, formar una comunidad de regantes, organizar los riegos, pero la lentitud, las competencias de ida y vuelta entre administraciones y algunas irregularidades, corruptelas y corrupciones en los procesos estancan la tramitación y con ello la posibilidad de poner orden en las extracciones del acuífero, que aún hoy siguen sin estar ordenadas por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir, pese a las zonas ya agotadas de la masa de agua y la vuelta al secano de
parte de los árboles por la fuerza de la realidad. Una parte de los pozos se ha secado. El acuífero de la Loma, en sólo 30 años desde que se descubrió, está dañado.

«Así daño españa sus reservas futuras de agua» – Revista eldiaro.es, pág. 46

En el Campo de Cartagena, las 52 autorizaciones por cinco años para desalobradoras son revocadas a principios de siglo pero ni se controló su cierre efectivo ni el crecimiento de nuevas instalaciones bajo el suelo sin autorización. Nadie abrió expediente a una sola instalación hasta 2014. Cuando se intentó regularizar el caos, las desalobradoras se contaban por cientos, eran subterráneas, se ocultaban bajo trampillas, incluso enterrando vehículos para alimentar con sus baterías las instalaciones evitando que el tendido eléctrico diese la pista para localizarlas. Hubo un intento de regularización en 2012. Los agricultores cooperaron convencidos del proceso acompañando a los agentes sobre el terreno pero pronto se vio que aquello era de tal magnitud que el Excel con las coordenadas de ubicación se guardó cuidadosamente en un cajón hasta que un comisario decidió abrir el melón.

Ibid, pág. 48

En 2011, también buena parte de las aguas subterráneas de la cuenca del Ebro a su paso por Aragón tenía ya un problema de contaminación por nitratos por los fertilizantes de la agricultura. En abril de ese año, el alcalde de Ejea de los Caballeros, el socialista Javier Lambán, quien después se convertiría durante varias legislaturas en presidente de la autonomía, inauguró junto a la catalana Vall Companys una fábrica de piensos en su municipio. Dos años después, Vall compraba un matadero en la misma localidad. Estaba cerrando el círculo para trasladar a Aragón su modelo de ganadería industrial integrada para poder seguir con sus planes de expansión internacional.
Iba a necesitar cerrar contratos de integración con muchas granjas de engorde y de cerdas madre para alimentar sus instalaciones, en cuya ampliación no parará de invertir una y otra vez. Las granjas necesitan estar a poca distancia para ahorrar costes de transporte y mantener el negocio de la carne barata. Vall Companys no es la única integradora que puso los ojos en las despobladas tierras de Aragón. Allí han crecido también en la segunda década del siglo otras integradoras de gran tamaño como Piensos Costa. Los ganaderos, que no son dueños de los cerdos pero sí responsables de la gestión de sus excrementos, no pueden permitirse trasladar los purines a más de cinco kilómetros de las granjas si quieren mantener la rentabilidad. La solución: en muchos casos sobrefertilizan las tierras a su alrededor extendiendo los purines una y otra vez, una y otra vez sobre el mismo terreno. El impacto en las aguas subterráneas figura ya en los documentos del Plan de Tercer Ciclo de la Confederación Hidrográfica del Ebro

IBid, pág. 50-51

A modo de reflexión:

  • Los recursos naturales son limitados. Ni se puede pescar sin límite, ni se puede extraer agua como si fuera un recurso que nunca se va a agotar.
  • Los ríos son seres que deberían ser protegidos jurídicamente. Su aportación a los mares es fundamental y el ecosistema que se genera en su cauce no puede ser eliminado de manera impune.
  • la sobrexplotación de los acuíferos supone la salinización de los mismos en las zonas junto al mar, pues la falta de presión permite la entrada del agua del mar en unos cauces subterráneos que se convierten en aguas inutilizables.
  • Las explotaciones intensivas, tanto agrícolas como ganaderas, tienen un impacto sobre el medio ambiente demoledor. Más aún, no permiten la fijación de población ni aportan riqueza a la zona. Son procesos industrializados altamente tecnificados (con poca necesidad de mano de obra) en manos de grandes empresas y fondos de inversión que llevan sus beneficios muy lejos de esas poblaciones, dejando, en cambio, una zona con altos niveles de contaminación y un consumo elevadísimo de sus aguas. Unas empresas que acaparan tierras y agua, haciendo desaparecer a los pequeños productores y a las explotaciones familiares y extensivas que terminan vendiendo sus tierras y concesiones.
  • España puede producir alimentos, pero no tiene por qué ser la encargada de producirlos para toda Europa. Los largos periodos de sequía, la reducción de los caudales y la contaminación de sus aguas hace imposible (medioambientalmente) esta pretensión.
  • No es admisible que la codicia de unos pocos haga que poblaciones enteras estén sin agua, dependiendo de camiones cisterna que no llegan los fines de semana y de agua marrón en los grifos que les obliga a pedirles a sus hijos que cierren bien los ojos y la boca cuando se duchan. Esto no es admisible; no fija población, ni hace atractiva la vida en el medio rural. ¿Quién va a querer vivir así?
  • Recordemos que el derecho al agua es un derecho humano fundamental. De ahí que en Ley de Aguas se considere prioritario el uso para abastecimiento humano frente a su utilización productiva.
  • Abandonemos cultivos subtropicales como el aguacate o el mando, por muy rentable que sean cuando hay agua suficiente, en zonas donde no son climáticamente sostenibles.
  • Es planificación lo que se necesita y alguien que desde las instancias de decisión sea capaz de decir ¡basta!. No se pueden crear expectativas de regadío en zonas donde no es posible. Del mismo modo, es necesario reconducir el reparto del agua según criterios sociales (de economía local y fijación de población) y no por criterios de productividad.
  • Porque ahora lo rural se siente tratado insolidariamente y abandonado.

Claro que hay futuro

Yayo Herrero, «Podemos vivir mejor… y con menos recursos» (Revista Público – «La izquierda ante una nueva época»)

  • Si admitimos que hemos excedido los límites de nuestro planeta. («Forzosamente, hemos de aprender a habitar la Tierra de otro modo»)
  • Si reconocemos que el crecimiento no puede ser ilimitado, ni los procesos de extracción y producción. Es decir, si comprendemos los fundamentos de un capitalismo que lleva a divinizar el crecimiento económico que nos ha abocado a la situación actual.
  • Si reconocemos que el capitalismo, basado en su único principio: la codicia, sólo genera la acumulación de riqueza en unos pocos que se pueden permitir desperdiciar, sin pudor, lo que otros necesitan para sobrevivir.
  • Si recuperamos el sentir de formar parte de una comunidad y buscamos soluciones integradoras en las que todos participen, tanto los estados como los grupos que conforman los estados. Esto no va de la solución llevad a cabo por un individuo o país aislado. Es necesaria una coordinación global para que realmente las soluciones sean eficaces.
  • Si activamos la imaginación y la creatividad para proyectar nuevas soluciones.
  • Si comprendemos el compromiso de las generaciones actuales con las siguientes y perdemos esa mirada bisoña.
  • Si entendemos que no nos queda tiempo para reaccionar. «El retraso se paga en vidas, cuanto antes empecemos, mejor».

«el mundo en el que nuestra especie ha habitado durante miles de años ya no existe. Forzosamente, hemos de aprender a habitar la Tierra de otro modo. Asistimos al desmoronamiento de un sistema económico y social basado en una racionalidad desconectada de la naturaleza y sus límites»

queramos o no queramos, viviremos globalmente con menos bienes y producciones de la tierra: agua, cosechas, tierra fértil, capacidad de los territorios para producir alimentos, energía, materiales… El decrecimiento, para mí, no es una propuesta política. Es el contexto material en el que se va a desenvolver la vida en común. Se trata de cómo abordar la contracción material de la economía, con qué prioridades y qué correlación de fuerzas.

Muchas personas ya sufren individualmente la contracción material
en sus vidas cotidianas. El mercado aplica su cartilla de racionamiento. Cuando es el mercado el que raciona, comes, te calientas o te iluminas solo si lo puedes pagar. Solo si tienes dinero, mereces lo que necesitas para vivir. Si tienes dinero, tienes incluso el derecho a despilfarrar lo que otros y otras necesitan para vivir con suficiencia.

Negar la crisis, mirar hacia otro lado o intentar resolverla desde la lógica del mercado supone dar una patada hacia delante. Hace más veloz la destrucción ecológica, profundiza las fracturas sociales y la explotación de personas y territorios, intensifica el extractivismo y el despojo en los pueblos del Sur Global y endilga el problema a las generaciones más jóvenes y a las que aún no han nacido. En el contexto capitalista, las crisis ecosociales se encaran callando las voces discrepantes, extremando las medidas autoritarias, recortando de derechos sociales y económicos, presentando la migración como un problema de seguridad y buscando chivos expiatorios en los apuntalar el éxito electoral o justificar el fracaso.

Hoy los imaginarios sociales, especialmente en los países más ricos, se inscriben en los paradigmas del crecimiento, el consumo y los proyectos de vida individualizados y que, sin un amplio apoyo social, es evidente que no se podrán abordar en profundidad y con urgencia los cambios necesarios. En mi opinión, el punto de partida supone realizar un enorme esfuerzo para que un sector significativo de la sociedad entienda que este cambio es claramente a mejor para una buena parte de la sociedad, aunque es verdad que algunos sectores privilegiados tendrían que aprender a vivir de una
forma más sencilla.

Este proceso no puede hacerse de arriba a abajo sin correr el riesgo de caer en dinámicas autoritarias, generar una respuesta social de oposición o caer en la irrelevancia de las soluciones. Requiere un abordaje integral y una proyección que maneje el corto, medio y largo plazo. Una transición energética o de la movilidad, al margen de la transición del resto de los extractivismos o de la garantía de las condiciones de vida de todas las personas, no es justa.

La puesta en marcha de un proyecto centrado en la construcción de una sociedad de la suficiencia, igualitaria y democrática, en la que las personas estén y se sientan a salvo, puede ser estimulante y motivadora.

YAYO HERRERO (Antropóloga, ingeniera, profesora
y activista ecofeminista española)

El catastrofismo como mecanismo de defensa

https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/catastrofismo-climatico-lujo-no-permitir_129_10413162.html

Resulta demasiado inquietante vivir con la idea de un futuro impredecible, de ahí que se opte, con facilidad, por el derrotismo. Suponer la derrota inevitable otorga una sensación de seguridad (de predictibilidad) y, al mismo tiempo, de larvado optimismo; pues si me equivoco, todo con lo que me encuentre será algo mejor.

En la lucha contra el cambio climático, mucha gente parece buscar más pruebas de que estamos derrotados que de que podemos ganar […]

Es una rendición por anticipado que incita a otros a hacer lo mismo. Cuando se anuncia que el resultado está cantado y que ya hemos perdido, nos quitan la motivación para participar. Y por supuesto, no hacer nada significa conformarse con el peor resultado de todos. […]

No sé por qué tanta gente parece entregada a sembrar el desánimo, pero tal vez sea por una confusión entre hechos y sentimientos. Siempre digo que respeto la desesperación como emoción, pero no como análisis. […]

Los sentimientos se merecen todo el respeto como sentimientos, pero como fuente de información solo hablan de ti.

[…] es lo que Antonio Gramsci quería decir con su célebre frase “pesimismo del intelecto, optimismo de la voluntad”.

Rebecca Solnit, The Guardian

¿Es posible la reacción de la izquierda?

¿De dónde vienen estos «lodos»?

Es difícil saber cuándo empezó a formarse la ola que ahora moja nuestros pies y ha llenado de fango la cocina. El viento y las corrientes la moldean en alta mar y ella, testaruda e incierta, se abre paso ya por gran parte de Europa.

jairo vargas – revista público – «la izquierda ante una nueva época», pág. 3

Polonia, Hungría, Italia y Finlandia ya cuentan con la extrema derecha en sus gobiernos con el apoyo de otras fuerzas política o en solitario. En Francia, Grecia, Portugal o España su avance es más que notable. ¿Dónde están las cocinas de «alta mar»? Esos lugares en los que se perfilan estrategias y técnicas cada vez más depuradas, sofisticadas y precisas ¿Cómo no nos hemos dado cuenta de algo que ahora parece imparable? Una pérdida de los social y de lo común frente a un individualismo sin sentido. Un retroceso en el reconocimiento del Estado de derecho y de la diversidad y tolerancia como elementos básicos de cualquier estado moderno.

“El miedo que genera la derecha radical no es tanto el de perder unas elecciones en democracia, sino el de perder la democracia en unas elecciones”

jorge tamames, ibid, pág, 36

“Los problemas políticos y económicos actuales resultan cada vez más incomprensibles para el ciudadano medio: globalización, desindustrialización, crisis climática, migratoria y energética que amenazan modos de vida”. […]

Ante estos problemas, resume, la única propuesta de la ultraderecha es negarlos, y para millones de votantes parece la solución más cómoda. Solo hay que oponerse a todo, destruir consensos, incluso los científicos. Ridiculizarlos bajo la etiqueta de “progre”. Fabricar un enemigo, o varios, siempre lejanos, siempre de otra pasta. Edulcorar un supuesto pasado mejor, regresar a valores culturales tradicionales y poner la nación por encima de sus propios habitantes. Ha sido la receta de la extrema derecha, desde Donald Trump en EEUU a Jair Bolsonaro en Brasil, pasando por el triunfo del brexit en Reino Unido.

nere basabe, ibid. pág. 3-4

La izquierda, que simplifica menos y trata de analizar las fuerzas en concurso, no es capaz de proporcionar un enemigo tangible. La derecha acusa a los inmigrantes, a las feministas y al lobby homosexual. Eso es fácil de entender. Frente al desconcierto semántico, insiste en llamar “las cosas por su nombre”: hombre es hombre, mujer es mujer, España es España. Frente a esas respuestas sencillas y ancestrales todo es ideología: ideología de género, ideología de los derechos humanos”, apunta Alba Rico.

alba rico, ibid. pág. 4

La ola reaccionaria avanza sin que haya razones objetivas. La economía crece tras una dura pandemia, el desempleo marca mínimos históricos, la inflación está entre las más bajas de Europa, igual que el precio de la energía. Frente a los recortes sociales de la anterior crisis, de la que bebió el primer auge ultra en Europa, la respuesta a esta ha sido más gasto público. “El problema es que la derecha y la ultraderecha están siendo capaces de imponer sus marcos. Si hay un problema de acceso a la vivienda, ellos hablan de okupas; si faltan servicios públicos, ellos culpan a los migrantes. No quieren hablar de política o de economía, se centran más en la emoción que en la gestión. Es un rasgo propio del populismo”.

nere basabe, ibid. pág. 5

El punto de inflexión se produce en España con la irrupción de Podemos y de su fuerza, capaz de entrar en un gobierno, aunque después lo fuera de coalición y con menos fuerza de la prevista al principio. Aquí nació una confabulación de los poderes del Estado que vieron peligrar sus privilegios, poniendo en marcha a los medios de comunicación y a las «cloacas del Estado» para acabar con ellos, creando una polarización política y social que atraviesa España, y el consiguiente debilitamiento de una izquierda cada vez menos movilizada.

Pero las olas siempre son efímeras. Tarde o temprano se acaban retirando. Quizás el riesgo de esta mar picada no es tanto la fuerza o la altura del manto de agua revuelta. Lo preocupante es el sedimento, el poso de fango que deje en la orilla y los muebles que no se salven del salitre y la humedad.

jairo vargas – revista público – «la izquierda ante una nueva época», pág. 5

La crisis del neoliberalismo

El capitalismo vuelve a estar en crisis. Lo está en esa forma política que es el neoliberalismo. Y, como en ocasiones anteriores, se pone a prueba, de nuevo, sus asombrosa capacidad de adaptación.

Las recetas neoliberales comenzaron a aplicarse en los años 70: una furiosa apelación anti-Estado y pro-mercado, con propuestas de privatizaciones masivas, bajadas de impuestos y desregulación en todos los ámbitos, incluido el laboral. Estas propuestas asumidas por la derecha y ultra derecha actuales se han demostrado contraproducentes y han demostrado que realmente «no es que quieran reducir el Estado, pues lo que pretenden es que sirva solo a los intereses de los agentes que dominan el mercado.» (Marga Ferré, Copresidenta de Transform Europe, Ibid, pág. 32)

Sus propuestas de austeridad draconiana nacen de un análisis ridículo. Las reglas fiscales del límite del 3% de déficit público fue una ocurrencia de Guy Abeille, asesor de Mitterrand, al que ese número le pareció una bonita cifra sin ningún tipo de análisis: “Esta cifra del 3% la imaginamos en menos de una hora, nació en la esquina de la mesa, sin ninguna reflexión teórica”. Así lo confensó a Le Parisien. La del límite de deuda pública del 60% se calculó a partir de la deuda media de los países de la UE en 1992 y se sigue proponiendo como referencia aunque la situación de los países haya cambiado y hayan pasado más de 30 años.

Sin embargo, el miedo y la rabia que nacen de una situación de crisis e incertidumbre ha sido utilizada por la extrema derecha para presentarse como partidos nuevos, anti establishment, como rebeldes. De ahí que atraigan a votantes jóvenes.

Un nuevo proceso constituyente

La situación ante la que nos encontramos implica reconocer la imposibilidad de un crecimiento ilimitado en un mundo limitado y la necesidad de una «Economía Planificada» que desmercantilice parte de la economía (educación, sanidad, pensiones, vivienda, trasporte, alimentos, agua, energía y comunicaciones) para hacer posible una vida humana para el conjunto de la sociedad. Leigh Phillips y Michal Rozworski, teóricos de la planificación, proponen que la producción y la distribución estén subordinadas a las necesidades humanas y no a la codicia irracional y sin límites que caracteriza al capitalismo más salvaje.

En suma, la propuesta pasa por un nuevo «contrato social» en el que se sienten la bases de nuevas formas de participación democrática en la toma de decisiones y la creación de nuevas instituciones y estructuras políticas. Un nuevo proceso constituyente que permita afrontar desde valores humanos los retos a los que nos tenemos que enfrentar de manera ineludible: cambio climático, acceso al agua, cambios en el modo de entender el trabajo con la irrupción de la robótica y la IA, nuevas relaciones internacionales, nuevos mecanismos de participación y de redistribución de la riqueza, acceso a los bienes públicos esenciales, etc., etc., etc.

Y si el camino fuera recuperar la «Interculturalidad»

“Hace falta un proyecto internacional, coordinado de forma internacionalista, para afrontar la desigualdad, la deshumanización, los muros más altos, la crisis climática, las sequías, el racismo, los enfrentamientos del penúltimo contra el último, jaleados en medios y redes”

olga rodríguez, Ibid., pág. 2

¿Por qué hay tanto ratón escuchando y votando a gatos?

Muchas personas se consideran a sí mismos como «patriotas preocupados» a los que el sentimiento de frustración en el que viven les lleva a un odio que proyectan sobre los partidos independentistas y de izquierda que gobiernan. Son personas que

Actúan en contra de sus intereses pensando que votan a favor de sus principios. Unos principios que se resumen en un nuevo dios: la patria; que actúa como explicación de todo, como ideal, como meta, como fundamento, como esencia última que ser:

Si no puedes pagar la hipoteca: España. Si no tienes trabajo: España. Si tienes hambre: España. Si no tienes casa: España. España. España. España. Eso es lo que te dice Vox.

Gabriel Rufián

Hay una clase trabajadora que vota al PP y a Vox porque su referente es el amo, no los compañeros. Es decir, no tienen como modelo la solidaridad ni hacen grupo para defenderse del ataque y de la opresión de los de arriba, porque son precisamente su referente.

el gran wyoming

La ultra derecha ha proporcionado a personas frustradas, enfadadas, pobres -aunque se consideren «clase media» sin serlo:

  • Un ideal. Un proyecto. Algo valioso que está por encima de los individuos: la patria; España. El nuevo dios.
  • Un símbolo: la bandera.
  • Una base «sólida» y conocida sobre la que sustentarse: las tradiciones (la defensa de lo tradicional, lo de siempre). Frente a las «ocurrencias» de la izquierda que sólo quiere hacer experimentos y añadir extravagancias; o dejar que entren tradiciones extrañas, en nivel de igualdad con las tradiciones propias.
  • Una explicación a la causa de sus problemas: la existencia de una conspiración de las élites progresistas empeñadas en forzar el reemplazo de las costumbres y la eliminación de los nacionales por extranjeros que van a acabar con lo nuestro.
  • Un enemigo fácilmente identificable: los extranjeros (de otras culturas y religiones). Unos pobres, más pobres aún que ellos, que compiten por los trabajos peor pagados y con unos índices de natalidad más altos que los nacionales. Personas fácilmente identificables por su aspecto o color de piel a los que se acusa de ser los culpables de todo: de la inseguridad «real o inventada» en las calles; de la bajada de los salarios; de un gasto social que sólo ellos se llevan, quitando recursos para los autóctonos.
  • Otro enemigo, también fácilmente identificable: el Presidente del Gobierno; al que hacen responsable de todo lo que pasa, incluida la sequía o la pandemia.

La izquierda, en cambio,

  • Carece de ideal. Sus propuestas están tan diversificadas que aturden: el medio ambiente, el feminismo, la protección de los transexuales, el no a la guerra, el sí a la guerra, lo moderno, lo diverso, el no a la prostitución (o quizá no tanto), lo anti normativo, la ecología, el veganismo, el vegetarianismo, el rechazo a la gordofobia o al turismo, el trashumanismo, la bicicleta, la regularización del cannabis, el ateísmo,…
  • No sabe transmitir su proyecto porque ha dejado de crear una idea fuerte que sirva como aglutinante de sus votantes.
  • Carece de control sobre los medios de comunicación (propiedad de las grandes empresas que han descubierto su importancia) y sobre las redes sociales que, machaconamente, repiten los eslóganes de la ultra derecha construidos para resultar fáciles de aprender: «quieren acabar con España»; la culpa es de «perro xanchez»; «las paguitas para los extranjeros»; «nos roban»; «si sales a comprar el pan, te okupan la casa»; «nos están invadiendo y no hacemos nada por evitarlo»; «siempre ha habido fases de calentamiento en el planeta»;…
  • Ofrece miedo y no ilusión o esperanza: es el miedo al cambio climático, a las epidemias, a la próxima crisis económica, a la falta de combustibles, a la guerra, a las olas de calor, a la subida del nivel del mar,…
  • Sus propuestas son tremendamente incómodas porque empeoran la vida de la gente: comer menos carne; dejar de usar el coche; peatonalizar el centro de las ciudades; aceptar lo diferente; reducir el turismo; reducir el consumo; asumir la necesidad del decrecimiento; la desunión de España;…
  • Su voracidad es ilimitada, exigiendo cada vez más impuestos para hacer posible sus planes para reducir la desigualdad o para afrontar su diversidad alocada de proyectos incómodos.
  • Además, cada vez menos países están gobernados por este tipo de partidos.
  • La izquierda no es nacionalista.

«Porque toda ola reaccionaria tiene, en su raíz, la misma fórmula elemental: miedo, odio, fanatismo y un absoluto desprecio por la ciencia, por el conocimiento, por la cultura y por la verdad.»

ignacio escolar – director de eldiario.es

De lo español: españoles y enemigos de España

En politología se tiene claro que los tres motores para vencer en política son: el miedo, el rechazo y la esperanza (siendo este el más poderoso y difícil de activar pues mueve al entusiasmo por lo que se quiere alcanzar).

Del mismo modo, la simplificación es la estrategia que evita hablar sobre las tres o cuatro propuestas que forman parte de los programas de los distintos partidos. Eso es lo que está creando la derecha y la ultraderecha con el «sanchismo» y el concepto de su «España». Crear un «marco reduccionista, simplificador y binario que evite de alguna forma o que disuelva la discusión o la deliberación sobre políticas públicas concretas o sobre un proyecto de país» (Andrés Gil – ElDiario.es). Todo ello con un toque de nacionalismo, de protección de nuestro campo y de lo rural, de nuestros agricultores y ganaderos, de la tradición y de una parte de la Constitución.

Lo «español», «España», es un concepto muy emocional (como lo fue «la casta» para Podemos), un concepto que excluye cualquier forma de nacionalismo-independentismo y que convierte en «enemigo» a cualquiera que ponga en cuestión «lo español» tal y como ellos lo entienden (no aceptan otra forma de hacerlo). Y con ello consiguen el objetivo indicado arriba: crear un enfrentamiento entre buenos y malos, simplista y reduccionista (fácil de entender para todos y con una fuerte carga emocional) con el que orientan la actividad política y consiguen dejar de lado las propuestas concretas que cada partido lleva en su programa electoral. Objetivo cumplido.


PROPUESTAS PARA UN ESTADO LAICO BASADO EN LA LIBERTAD DE CONCIENCIA – (Europa Laica)

  1. Modificar los artículos 16 y 27 de la Constitución, para construir un Estado verdaderamente laico y una enseñanza laica.
  2. Las confesiones religiosas se deben regir por el derecho común, como cualquier otra asociación privada, suprimiendo la excepción legal actualmente existente.
  3. Denunciar y derogar los Acuerdos de 1976 y 1979 con la Santa Sede, así como los existentes de 1992 con las confesiones minoritarias.
  4. Suprimir la financiación a la Iglesia Católica que recibe a través de la Asignación Tributaria del IRPF. Las confesiones religiosas deben autofinanciarse.
  5. Fiscalizar la financiación pública a las confesiones religiosas realizada por cualquiera de las administraciones del Estado, y su control parlamentario.
  6. Suprimir los privilegios fiscales de la Iglesia católica; caso particular con la exención del IBI y aquellas incompatibles con el derecho europeo.
  7. Promulgar una Ley Orgánica de Libertad de Conciencia, derogando la actual Ley de Libertad Religiosa de 1980, que garantice la libertad de pensamiento y convicciones de todo tipo. (Europa Laica dispone de una propuesta articulada para esta Ley).
  8. Promulgar un Reglamento de Laicidad que regule y haga efectiva la aconfesionalidad y neutralidad del Estado en relación con los actos y simbología institucional, la participación de cargos públicos en actos religiosos, la no donación de suelo público para entidades religiosas así como cualquier aspecto relacionado con esta materia.
  9. La escuela y la universidad deben ser pública y laica, suprimiendo del ámbito educativo la religión confesional y cualquier tipo de adoctrinamiento, así como suprimir de forma progresiva la financiación pública de los centros con ideario propio.
  10. Los servicios de Sanidad y Asistencia Social se ofrecerán de forma prioritaria por el Estado, revirtiendo aquellos de titularidad o gestión privada que estén mantenidos con recursos públicos.
  11. Derogar del Código Penal los delitos de ofensa a los sentimientos religiosos, así como cualquier otra legislación limitativa de la libertad de expresión.
  12. Retrotraer los bienes inmatriculados por la Iglesia Católica, afectando al Patrimonio del Estado los bienes muebles o inmuebles de interés histórico, artístico o cultural, incluidos los de raíz religiosa.
  13. Impulsar una Carta Europea por la Laicidad y la Libertad de Conciencia que garantice estos derechos en un ámbito supranacional europeo, en condiciones de libertad e igualdad, sin privilegios ni discriminación, de acuerdo con la DUDH. (Europa Laica dispone de una propuesta articulada para esta Carta).