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Manu Sánchez explica

https://www.eldiario.es/andalucia/manu-sanchez-ultraderecha-colado-grieta-decirle-pobres-son-culpa-pobres_128_12089914.html

Manu Sánchez es presentador, humorista, actor, escritor (también de teatro), conferenciante y empresario, pero se gusta definir como “payaso raso”. Nació en Sevilla en 1985. En 2023 se le diagnosticó un cáncer de testículos, por eso es un gran defensor de la sanidad pública y del resto de servicios públicos: “A mí me ha salvado la vida la sanidad pública”; y alerta del peligro global al que nos enfrentamos: “nos están quitando los derechos que nos convierten en humanos”.

Más democracia, no menos

Entiendo que todo el mundo tiene derecho a equivocarse, pero creo que la política no se la podemos dejar nada más a los políticos. La política es el arte del día a día y nos influye a todos, y si le dejamos la política a los políticos le estamos haciendo un flaco favor al día a día. Yo creo que podemos pringarnos políticamente los empresarios, los estudiantes y los payasos rasos. Es que se nos ha olvidado que a esto de la política debería de jugar el pueblo entero.

Más sanidad pública

La salud no puede estar bajo criterios empresariales, me parece una barbaridad, la salud tiene que ser deficitaria económicamente pero muy rentable en cuestiones de salvar vidas. Por eso, aunque entiendo que tendrán muy buena intención algunos acercamientos a lo privado en cuestiones de salud, yo no logro encontrarle sentido. Cuanto más reforzásemos la sanidad pública y más se invirtiera, más sentido tendría.

La lucha de clases ya no está de moda

Yo voto en conciencia y en cuestión de principios. Voto cosas que después, en el día a día y en la práctica, a mí me vienen mal entre comillas. Creo en la lucha obrera, creo en la lucha de clases, y creo también en otras muchas luchas que nos están haciendo despistarnos de que la lucha de clases está ahí y parece que no está de moda. Yo creo en el feminismo, en el ecologismo, en la lucha contra el racismo, contra la xenofobia. Pero que no nos despisten de la lucha de clases. La lucha de clases tendría que estar encima de la mesa y la estamos diluyendo, dejando de lado. […] Nos han metido miedo a las gambas para que se las coman siempre los mismos.

Sobre el auge de la ultraderecha

[Antes no se vivía mejor]

Soy hijo de trabajadores, mi madre es administrativa, mi padre, tornero fresador, mis abuelos trabajaban en el campo y en una fábrica de uralita, mis cuatro abuelos eran analfabetos… Ha habido muchos avances en democracia y hay quien dice que antes se vivía mejor. Pues quien diga esto que se lo mire; antes muchas familias vivían tremendamente peor de lo que vivimos ahora.

[La ultraderecha]

Me parece la gran lacra. Creo que ejerce una función política que es dulcificar a la derecha, hacerla moderada, pero ese monstruo se ha ido de las manos, se ha alimentado más de la cuenta, ya camina solo y parece que viene a comernos a todos. Cuando estudiábamos la extrema derecha de épocas pasadas pensábamos que cómo pudo ocurrir eso. Pues tenemos que tener cuidado porque estamos condenados a repetir la historia si no la conocemos. Y algunos parece que están encantados de repetirla, aun conociéndola, que es lo que me parece especialmente peligroso.

El gran truco, la gran grieta por la que se ha colado la ultraderecha ha sido explicarle a los pobres que su pobreza es culpa de otros pobres. Ahí han destrozado la lucha de clases, no te das cuenta de quién te explota y quién te pisa la cabeza. A usted no la atienden en el médico porque han atendido a otro pobre antes. Y si ese pobre es de otro color o de otra etnia, será por eso. Que nos hayan contado a los pobres que la culpa de que seamos pobres es que hay otros es el gran caballo de Troya por el que se ha colado la ultraderecha. Y contra eso hay que pelear, los pobres son pobres porque arriba hay ricos muy ricos.

Hay un riesgo real de que los derechos que parecen consolidados se pierdan

Los derechos son totalmente reversibles, lo estamos viendo, tan fácil como que llegue alguien al poder que quiera dar marcha atrás en la democracia. Hay mecanismos para cambiarlo todo, si es que así lo decide el pueblo. Pues cuidado, porque si el pueblo decide que llegue un majara y que haga cosas de majara, tendremos los derechos que haya decidido el majara. Que tengamos ahora mismo a un decadente imperio americano en manos de unos magnates pijos multimillonarios malcriados diciéndole a los obreros de EEUU cuáles son sus soluciones, a mí me parece que suena hasta a broma. Pero después vemos que eso es exportable, comprable, que Europa está también subiéndose a ese carro. Y eso da sustito.

[…]

[Están en riesgo todos los derechos]

[Derecho a la sanidad]: a mí me han salvado la vida, me han operado cuatro veces ya a vida o muerte. Yo no sé cuánto le he costado al erario público, la verdad, pero a mí no me dijo nadie “la factura es tanto”. Es el derecho a la vida, que podamos perder el derecho a seguir vivos. El derecho a la educación, el derecho a la información, que ahora mismo con los bulos es de los derechos fundamentales. Pero también el derecho a la vivienda, a la igualdad… es que nos están quitando los derechos que nos convierten en humanos y nos estamos yendo a la ley de la selva, a esa meritocracia mal entendida de que entre diez le podemos pegar a uno. Creo que están en peligro todos los derechos, absolutamente todos.


Donald Trump 2.0

Donald Trump ha sido nuevamente elegido. Más de 70 millones de votantes han hecho posible su retorno, es verdad que dentro de un sistema electoral tan singular como lo es el de los Estados Unidos. Hablamos de una democracia tan particular en la que sólo dos partidos (sin alternativas) pueden ganar las elecciones, y con un sistema de elección en el que quien gana en un estado (aunque sea por un solo voto) obtiene toda la representación que le corresponde a ese estado. Más aún, las campañas son tan astronómicamente caras que sólo unas estructuras gigantescas, vinculadas a los grandes poderes económicos, pueden presentarse con garantías a una elección. Y nadie se plantea reformar esto. Y le llaman democracia.

La verdad es que el fenómeno Donald Trump, con sus peculiaridades, no nace de la nada: de hecho, antes tuvimos el «Tea Party», un movimiento político social ultra que demuestra la existencia de todo un caldo de cultivo y una base social, dentro de la sociedad estadounidense, de la que nace el fenómeno el trumpismo. Un trumpismo social que es una forma de entender la vida, con arraigo en la propia historia de los EE.UU.

Lo que hizo Trump […] fue aglutinar una afectividad política y un rencor que se había estado generando durante esos ocho años [de gobierno de Obama] y que nace de siglos de historia.

edurne portela – conversatorio, tinta libre de octubre de 2024, pág. 4

Lo que quiere decir el exitoso «MAGA» es, el fondo, volver a una América blanca (Make America White Again)

Seguir a Trump es una religión

Contra los medios de comunicación

Al margen de la célebre consigna de que «ahora los medios son ustedes«, lo cierto es que Trump ha puesto en marcha una verdadera caza de brujas contra aquellos medios que no le son afines:

  • Una periodista de Associated Press (una de las agencias de prensa más reputadas) fue vetada a las ruedas de prensa del presidente porque no aceptó la decisión unilateral de Trump de cambiar el nombre del «Golfo de México» por «Golfo de América».

Algunos ejemplos de medidas adoptadas

  • Propone anexionarse Groenlandia. Desea su valor estratégico y sus reservas minerales de tierras raras. Dice que les iría mejor con EE.UU. que con Dinamarca.
  • Propone apropiarse del «Canal de Panamá«. Esta amenaza ha sido suficiente para que todos los indicios de presencia china en la gestión de una parte de canal ha desaparecido por completo, por decisión del gobierno de Panamá.
  • Ridiculiza constantemente al presidente de Canadá y dice que Canadá estaría mucho mejor siendo parte de los EE.UU.
  • Ha desencadenado una guerra comercial: estableciendo aranceles para las importaciones de Canadá, México, China y la Unión Europea.
  • Considera que la invasión de Ucrania por parte de Rusia fue provocada por el presidente Zelensky al que llama abiertamente «dictador», aunque en otro momento, ante las preguntas de los periodistas, se sorprende y comenta: «¿he dicho yo eso?
  • Miente al decir que la aportación de EE.UU. a la guerra de Ucrania es de 300.000 millones de dólares, cuando es de algo más de 150.000. Y le exige a Zelensky que se la devuelva. Para ello ha obligado a los ucranianos a firmar un acuerdo impuesto para que la gestión de sus recursos mineros quede en manos de EE.UU., sobre todo, lo que respecta a las «tierras raras».
  • Afirma que la Unión Europea fue creada para «joder» a EE.UU., por ello: abandona su defensa (lo que deja sin fuerza a la OTAN); exige que los países europeos gasten más en defensa (comprando material militar a los EE.UU.); le impone aranceles y la ningunea como en el caso de las negociaciones sobre la paz de Ucrania en las que no tiene previsto de participe la U.E.
  • Muestra un comportamiento obsesivo contra los principios D.E.I. (diversidad, equidad e inclusión). Exige que sus Departamentos de Estado, las administraciones y las empresas eliminen cualquier referencia a programas que busquen la inclusión, la equidad o que traten de evitar la discriminación de ciertos grupos. En este sentido la embajada de EE.UU. en Madrid envió un escrito a sus suministradores para decirles que si tenían políticas de este tipo en sus empresas dejarían de contratar con ellas. Es tal la importancia de esta imposición que algunas empresas están dividiendo su forma de trabajar en EE.UU. (donde reniegan de esos planes) y en Europa donde la legislación les obliga a tenerlos. El consejo de administración de Apple, en esta semana, se va a reunir para decidir cómo eliminarlos. Jeff Bezos, por su parte, ha impuesto su desaparición en la dirección editorial de la sección de opinión del Washinton Post (del que es propietario).
  • Ha convertido a los inmigrantes «sin papeles» en los chivos expiatorios de todos los problemas del país y, por ello, ha comenzado a «cazarlos» en redadas en lugares públicos, iglesias, escuelas,… deportándolos esposados de pies y manos en aviones militares no acondicionados en los que se sientan como si fueran mercancías. No le vale con deportarlos, hay que humillarlos y, para ello, se difunden vídeos con imágenes del proceso o, incluso, «La Casa Blanca se burla de los migrantes deportados mostrando el sonido de los grilletes y las cadenas como si fuese un vídeo de ‘ASMR’» (laSexta) para que te lo pongas para relajarte, en lugar del ruido del mar o de las llamas de una chimenea.
  • Y si todo esto fuera poco, ha sentado las bases de un estado policial al más puro estilo fascista: en el que cada ciudadano debe vigilar a sus vecinos y denunciarlos. De hecho, los inmigrantes indocumentados temen ir a los colegios o a la puerta de los colegios a recoger a sus hijos por miedo a las redadas. Hace unos días apareció la noticia de una niña que se había suicidado por el acoso al que la sometían sus compañeros que amenazaban con denunciarla. Dentro de la administración, se ha amenazado con despedir a aquellos funcionarios que no denuncien los comportamientos de compañeros que no cumplan con los dictados de la administración en lo relativo al abandono de los programas D.E.I.
  • Asimismo, ha hecho que EE.UU. abandone la UNRWA (el organismo de la ONU para Palestina), la OMS, y ha eliminado
  • Y, para colmo, ha elegido a personajes de una dudosa idoneidad para los cargos de responsabilidad de la administración:
    • Elon Musk: dirige el nuevo Departamento de Eficiencia Gubernamental. Es el encargado de reducir al mínimo la administración estatal. Hace unos días envió un formulario a todos los funcionarios (incluidos los miembros del FBI) -bajo amenaza de despido- para que expliquen lo que han hecho en la última semana que justifique su puesto de trabajo. Su nombramiento es más que cuestionable al permitirle tener acceso a información privada de sus competidores.
    • Pete Hegseth: como Secretario de Defensa. Era presentador de Fox News y estuvo envuelto en un escándalo por abuso sexual y acusaciones de consumo de drogas y de obstaculizar su investigación. Se le critica por su falta de experiencia y por su carácter ultra que muestra en sus redes y en su cuerpo tatuado con símbolos de ultra derecha.
    • Robert F. Kennedy Jr.: como jefe del Departamento de Salud y Servicios Humanos: conocido por sus posturas antivacunas y por difundir teorías de conspiración durante la pandemia de COVID-19.
    • Tulsi Gabbard: encargada de los servicios de inteligencia, es un clara defensora de Rusia y contraria a las ayudas a Ucrania.
    • El Consejero de economía es un multimillonario con intereses en las empresas de petroleo. No es de extrañar, Trump dijo, en su campaña, que autorizaría todo tipo de prospecciones sin límite; diciendo que la defensa del medio ambiente no puede ser un obstáculo para el desarrollo económico del país.

AfD – Alternativa para Alemania, segunda fuerza política en las elecciones

https://www.eldiario.es/internacional/votantes-propulsan-ultraderecha-alemania-mierda_1_12075029.html

ICÍAR GUTIÉRREZ – Los votantes que propulsan a la ultraderecha en Alemania: “Todo es una mierda”

AfD llega desinhibida a estas elecciones, envalentonada tras sus buenos resultados en las elecciones europeas y regionales del año pasado. Respaldada por Elon Musk y favorable a Rusia, aboga por salir del euro y defiende la familia tradicional, un concepto que choca de frente con la vida personal de su candidata Weidel, que mantiene una relación con una mujer originaria de Sri Lanka con la que cría a dos menores en Suiza.

Unamos a todo esto su revisionismo del Holocausto y su culpabilización a los avances sociales, referentes del estado del bienestar, como causantes de la mala situación económica que vive el país.

La base de votantes de AfD se encuentra básicamente en el este de Alemania y tiene que ver con una reunificación que se llevó a cabo bajo la condiciones de la Alemania del oeste, sin que la división entre este y oeste haya desaparecido. De hecho, continúa existiendo una brecha salarial y de desarrollo entre ambas partes de Alemania, lo que produjo una migración -no deseada- del este al oeste de personas que, ahora, expresan así su malestar.

La mala situación económica de Alemania, en recesión desde hace dos años, y la falta de expectativas de futuro hace que muchos sientan que la vida es cada vez más cara, que sus trabajos peligran y que su futuro no está claro.

La descarbonización y la apuesta de Merkel por el gas ruso han sido dos factores importantes en ese desencanto. Dejar el carbón ha arruinado a zonas del país que vivían de las minas de carbón y de la generación eléctrica mediante centrales térmicas. El apoyo a Ucrania y la decisión de EE.UU. de castigar a Rusia hizo que dos de los gaseoductos proyectados se quedaran sin uso: concretamente el Nord Stream 2 -construido en contra de la voluntad de EE.UU.- no llegó siquiera a funcionar porque fue destruido por una explosión intencionada de no se sabe bien qué servicio secreto si el del Gran Bretaña, el ucraniano o quién sabe si por el estadounidense. Lo cierto es que EE.UU. no estaba dispuesto a que Alemania se aproximara a Rusia y a su gas barato. Como consecuencia, el precio de la energía y de toda la producción alemana se ha visto seriamente afectada, con unos precios en constante alza y una crisis inflacionaria que ha afectado a la población.

El ascenso de AfD se explica pues, por:

  • Una mala situación económica.
  • Una falta de expectativas de futuro.
  • La constatación de que las políticas de los partidos tradicionales no sirven.
  • La consideración de que todo va mal y de que el Estado no funciona.
  • La creencia en que el sistema democrático es incapaz de solucionar los problemas de los ciudadanos.

En consecuencia, los ciudadanos consideran que hay que buscar «alternativas» y, para ello:

  • hay que determinar a los causantes (reales o no) de los problemas, y
  • plantear soluciones rápidas, efectivas y definitivas (nada de complejas, razonadas, consensuadas o a medio plazo).

En este contexto aparecen los inmigrantes y se convierten en el foco de todos los problemas. Sobre generalizaciones injustas a partir de casos aislados se estigmatiza a los inmigrantes y, frente a ellos, se propone la defensa de los nativos y de la cultura alemana amenazadas por la llegada de tanto extranjero con nuevas creencias y costumbres.

El nativo alemán se siente maltratado porque él debe conseguir todo aquello que los no-alemanes reciben, sin esfuerzo, del Estado. Se dice que:

  • reciben atención sanitaria antes que los nativos, cuando son estos los que pagan dicha asistencia,
  • les dan casa o un lugar donde vivir,
  • les alimentan,
  • van en bicicletas eléctricas que el Estado les ha proporcionado,…

Y los votantes de AfD lo tienen claro: el sistema no funciona y hay que acabar con él: «hay que empezar de cero». Porque la gente trabajadora está maltratada. Y porque la ira y el miedo que sienten, AfD lo combina con el orgullo de Alemania y de ser alemán. Más aún, sus votantes comparten un sentimiento de superioridad -frente al resto de los votantes- que les aporta «saber realmente» lo que pasa frente a quienes se dedican, desde hace tiempo, a ocultarlo.

En el fondo, asistimos a un discurso que podemos extrapolar al resto de países europeos para entender el auge de la extrema derecha en todos ellos.

¡Como no hagamos algo…!

Como señala Paulina Frölich, directora general adjunta del think tank berlinés Das Progressive Zentrum:

“Desde hace al menos 10 años no hemos encontrado aún ninguna estrategia eficaz entre los demócratas moderados para reducirlos, para eliminarlos” [..]. “Me preocupa que los demócratas se pongan nerviosos y prueben cosas antidemocráticas en el nombre de la democracia para detenerlos. No hay indicios de que estrategias como las de Merz y Sarah Wagenknecht funcionen. Deberíamos centrarnos en una cooperación real, hablando de reformas profundas dentro del espectro democrático y dejando fuera a la extrema derecha”.

Decía Mayor Zaragoza que cuando falla la democracia lo hay que hacer no es menos democracia sino más democracia.


Ahora los medios son ustedes

(La expresión ha sido utilizada tanto por Donald Trump como por Elon Musk)

https://www.infolibre.es/tintalibre/periodismo-cosa_1_1923301.html

Juan Gabriel Vásquez – «El periodismo es otra cosa» – TintaLibre, enero 2025, págs. 32-35

You are the media now. “Ahora ustedes son los medios”: eso fue lo que dijo el dueño y señor de la red social X, un narcisista de manual cuya percepción del mundo es la de un adolescente malcriado y cuyo comportamiento público es el de un sociópata.

[…]

este personaje grotesco ha puesto su red social y sus millones de usuarios al servicio de la desinformación, las teorías de la conspiración, la mentira flagrante y la elección de un delincuente convicto con querencias fascistas como presidente de Estados Unidos.

[…]

Si no me pareciera tan peligrosa, me parecería conmovedora la credulidad con que millones de ciudadanos se han tragado el cuento de que la red X es un espacio democrático, incluso después de enterarnos de que Musk adulteró el algoritmo por un factor de 1000 para que la red diera prioridad a sus mensajes sobre las elecciones;

[…]

“El periodismo ciudadano es el futuro”

En 2004, el bloguero de Silicon Valley Dan Gillmor se quejaba de que los grandes medios dieran las noticias como si se tratara de una conferencia. […] la queja, muy norteamericana, contra los que tienen la pretensión de saber más que nosotros y nos dan discursos desde una posición de superioridad. Por otra parte, hace veinte años era cierto que las nuevas tecnologías habían abierto espacios para que hablaran en público personas que nunca lo habían hecho, y todos nos llenamos la boca entonces con la denuncia de los abusos de poder que se podía hacer desde esos espacios de rebeldía, independientes de los medios que respondían –así era, esto era cierto– a los intereses no siempre transparentes de los poderes económicos.

[¿Cualquiera puede ser periodista?]

¿El acceso a una herramienta es lo único que se necesita para dominar un oficio? Tener papel y lápiz nunca transformó a nadie en escritor. Tener un piano en casa nunca transformó a nadie en pianista. (Leila Guerriero)

La influencia de los ignorantes

En The Good Society, un libro de 1997 y por lo tanto perteneciente a un mundo más simple que el nuestro, el economista J. K. Galbraith habla de los problemas del autogobierno en sociedades complejas como las nuestras, y en un pasaje que no puedo sacarme de la cabeza dice estas palabras: “Todas las democracias viven en el miedo a la influencia de los ignorantes”. Echar un vistazo a la historia de Estados Unidos, dice Galbraith, es darnos cuenta de que siempre habrá un determinado porcentaje de la población disponible para “apoyar prácticamente cualquier forma de desastre político y social”; sólo mediante la educación, añade, puede mantenerse esta minoría en niveles manejables. Veintisiete años después, parece que nuestras democracias siguen temiendo a la influencia de los ignorantes, pero es todavía mayor el temor que tienen a la ignorancia de los influencers. Los mecanismos perversos de las redes sociales y su modelo de negocio, que no sólo son indiferentes a la verdad o la falsedad de la información que distribuyen, sino que permiten rentabilizar la crispación, hacer negocio con la mentira y ganar rentas políticas con el tribalismo y el odio, ya no se limitan a envenenar nuestra convivencia y a diseminar desinformación que destruye nuestra capacidad para ejercer la ciudadanía. Lo siguen haciendo, claro: “La información será libre”, aquel mantra que implicaba la eliminación de los intermediarios –esas figuras que seleccionan, editan, dan forma a los hechos–, ha conducido, en menos de una década, a la pérdida de libertad del ciudadano, que toma sus decisiones políticas basándose en premisas falsas, en engaños masivos, en datos adulterados. Pero lo que está ocurriendo va mucho más allá. Desde que la compró Elon Musk, la red social X se ha convertido en la más poderosa máquina de desinformación y propaganda que el mundo ha conocido, y ha sido puesta al servicio de una ideología de corte violento, racista, machista y cruel, que sólo ha encontrado en los últimos años un obstáculo de importancia, una fuente de resistencia a sus ambiciones disruptivas.

[…]

Pues el periodismo es mucho más que los medios que lo producen: es un fenómeno cultural, un lugar de la ciudadanía, un espacio de poder real o percibido, un espacio desde el cual plantar cara a los poderes percibidos o reales, y, sobre todo, un oficio: […]. Los periodistas, en su mejor versión, tienen códigos de comportamiento, una serie de convicciones poco prácticas y a veces francamente molestas –la transparencia, la responsabilidad, el rigor investigativo– en las cuales creen y según las cuales viven.

[…]

El periodismo ciudadano de Elon Musk, en cambio, es un espacio sin códigos, o donde el único código suele ser el del propio provecho: nada –ni la conciencia de mentir o calumniar, ni la posibilidad de hacer daño– representa un inconveniente para la persecución del propio interés o para la metódica destrucción de todas las normas, porque la inestabilidad y el caos son su hábitat natural. La forma de luchar contra los medios, decía Steve Bannon en 2018, es “inundar el terreno de mierda”. Musk lo ha hecho a su manera. Le interesa disolver la verdad comprobable, dinamitar la confianza entre los ciudadanos, destruir la noción de realidad común y sembrar la incertidumbre, y para eso ha mentido, ha calumniado, ha esparcido teorías de la conspiración, y la única resistencia significativa con que se ha topado ha sido la del periodismo profesional. Por eso lo quiere desprestigiar. Por eso lo quiere, incluso, desaparecer. Por eso quiere convencer a sus millones de usuarios, como a millones de marionetas, de que ellos son ahora el periodismo.


Hoy mismo, en su discurso de despedida, Joe Biden ha avisado: «Se está gestando una oligarquía sobre una concentración extrema de riqueza, poder e influencia«. De lo que no ha hablado es de por qué el no ha hecho nada al respecto para prevenirlo durante todo el tiempo que ha sido presidente de EE.UU.


España a la cabeza en la instalación de alarmas en viviendas – Los mercaderes del miedo

ISAAC ROSA – Los mercaderes del miedo (Tintalibre – diciembre 2024, págs. 22-25)

https://www.infolibre.es/tintalibre/mercaderes-miedo_1_1915632.html

En España hay instaladas 2.800.000 alarmas en viviendas porque un grupo de «asustaviejas» han decidido hacer negocio con el miedo que ellos mismos, con la colaboración de otros, han promovido.

España es el país de Europa con más alarmas de hogar instaladas. Repito, que no te veo muy asombrado: el país de Europa con más alarmas de hogar instaladas. No en términos relativos, alarmas por cada mil habitantes, sino en números totales. Y coincidirás conmigo en que España no es el país más poblado de Europa, ni de los que más viviendas unifamiliares tiene; y sobre todo no es el país con más criminalidad de Europa. Todo lo contrario: no se cuenta entre los países con más delitos, y si quitásemos de la estadística el crimen organizado y el narcotráfico, que tienen especial incidencia en España, resultaría que es uno de los países más seguros de Europa.
Espera, que hay más: somos el cuarto país del mundo en número de hogares con alarma, según las propias empresas del sector. Cuarto país del mundo, casi en el podio. Solo nos superan Estados Unidos, China y Japón, países para empezar mucho más poblados que España. ¿Somos el cuarto país más inseguro del mundo? Ni de lejos, todo lo contrario, estamos entre los de menos criminalidad. Y sin embargo, las empresas del sector insisten en que es un mercado con mucho recorrido: quedan muchas fachadas sin pegatina. Apuestan por duplicar los actuales tres millones de alarmas en una década. Tan notable es el negocio, que en los últimos años se han lanzado al mismo compañías de telefonía, bancos y aseguradoras, todos ofertando a sus clientes una alarma de hogar al contratar una línea, una hipoteca o un seguro.

[…] La narrativa publicitaria de estas compañías, omnipresente en radios y televisiones, y la narrativa pseudoperiodística de ciertos programas televisivos, [ha provocado un nuevo miedo: el miedo a los okupas]. […]

Sin embargo, una vez más los datos desmienten ese temor. Ni somos un país con incidencia importante de robos en hogares, ni mucho menos estamos entre los países europeos con más viviendas okupadas. Es más: el número de okupaciones no crece al ritmo que lo hace su alarma (ni las alarmas). Es muy improbable que alguien okupe tu vivienda, pues en la mayoría de casos se trata de pisos vacíos de bancos y fondos. Pero además es totalmente imposible que okupen tu propia casa (mientras sales a comprar, dice la leyenda urbana circulante), pues sería un allanamiento de morada que implica la inmediata intervención policial, desalojo y castigo. Los conflictos más habituales en relación con la okupación tienen que ver con pisos vacíos (de bancos y fondos en su mayoría), y con inquilinos que no pueden seguir pagando o que tienen cualquier tipo de problema con los propietarios; casos para los que no valdría ninguna alarma de hogar. Ni siquiera la que detecta al intruso y lo envuelve en una niebla cegadora. No, esa tampoco.

[¿Cómo no voy a tener miedo si en la tele hablan de okupas a todas horas?]

[¿No vas a pagar una cuota que puedes asumir por proteger lo más valioso de tu vida que es tu hogar? Porque si te quitan tu casa te lo quitan todo, te dejan en la calle,… ¡Y sólo por una pequeña cuota mensual!]

Tenemos miedo, mucho miedo, hacia un miedo difuso

Así de simple: que tenemos miedo, mucho miedo. No a que entre un ladrón o un okupa, como tampoco a un mena o un inmigrante, protagonistas habituales de nuestros cuentos de miedo más recientemente, ni tampoco a los pobres, que siguen siendo las clases peligrosas de toda la vida. Eso son solo miedos derivados. Miedos fáciles, algo reconocible a lo que temer, de lo que protegernos, contra lo que comprar seguridad, lo mismo alarmas de hogar que programas políticos neofascistas. Nuestro miedo es mayor, de fondo, total, diríamos que cósmico. Una sensación difusa pero muy presente de vulnerabilidad. Incertidumbre. Estar a merced de no sabemos qué será lo próximo que nos ocurra.

[…]

La paradoja es que somos, objetivamente, la sociedad más segura de la historia. Al menos en este lado del planeta, en los países más desarrollados, contamos con medios, recursos, tecnología, ciencia, estructuras sociales y políticas, para protegernos de las principales amenazas que han atemorizado a la humanidad desde hace milenios, tanto amenazas de la naturaleza como de salud o por la violencia de otros. Pero la sociedad más segura de la historia se volvió adicta al miedo, obsesionada con la seguridad, asustadiza, fácilmente atemorizable, a merced de los mercaderes del miedo, vendan lo que vendan.

Y como tenemos miedo sin saber bien a qué, necesitamos dirigir nuestro miedo, encontrar un objeto para nuestras ansiedades. Poner rostro a nuestra inseguridad esencial, señalar una amenaza visible, y por tanto combatible. Nos vale lo mismo un inmigrante invasor que un terrorista o un okupa. O un presidente del gobierno “okupa, ilegítimo y cuasi dictatorial”, que hay miedos para todos los gustos y presupuestos. Lo importante es que sea algo reconocible, y de lo que podamos más o menos protegernos a un precio asequible. Contratando una alarma de hogar. Votando a tal o cual partido. Cediendo derechos y libertades a cambio de protección. Abrazando formas de seguridad que son pan para hoy y hambre para mañana, seguridad para hoy y más miedo para mañana, pues las respuestas defensivas-agresivas acaban generando más inseguridad, y la respuesta violenta a una amenaza siempre genera más violencia, más miedo.

[…]

[Como explica Zygmunt Bauman]: “El Estado, habiendo fundado su razón de ser y su pretensión de obediencia ciudadana en la promesa de proteger a sus súbditos frente a las amenazas a la existencia (de dichos súbditos), pero incapaz de seguir cumpliendo su promesa (…), se ve obligado a desplazar el énfasis de la protección desde los peligros para la seguridad social hacia los peligros para la seguridad personal”.

Esa falta de elementos de seguridad colectiva, sean comunitarios o estatales, nos condena a buscar soluciones individuales para problemas sociales. Es decir, sálvese quien pueda. Quien pueda pagarlo, se entiende. Quien pueda pagar, no una alarma de hogar, sino otras formas de seguridad material y existencial que no están al alcance de la mayoría. Y para el miedo que tenemos, el que traemos de años y el que nos añaden y multiplican los muchos creadores y propagadores de miedos, no hay alarma que valga. No hay pegatina que disuada. No hay refugio donde meterse. No hay aumento de plantillas policiales ni de presupuestos de defensa que nos vayan a quitar ese miedo. Son otras seguridades las que necesitamos, las que tenemos que buscar y reconstruir.

Circula hace años una frase que ya no sabemos ni quién dijo primero, pero que todos hemos repetido alguna vez para señalar la dimensión social de tantos problemas que creemos individuales, especialmente cuando hablamos de salud mental: “tú lo que necesitas no es un psicólogo, sino un sindicato”. Algo similar podríamos decir al hablar del miedo: tú no necesitas una alarma de hogar, sino un sindicato, o cualquier otra forma de defensa colectiva y organizada de tus derechos. Tú no necesitas más policía, sino un Estado social fuerte.

Eh ahí la moraleja: si votas a partidos que proponen desmantelar el Estado (como propone Milei o Trump), estás quedando totalmente desamparado porque los problemas sociales dejarán de serlo para convertirse en problemas personales y las soluciones pasarán por el aislamiento y la desintegración del grupo social que configura un Estado «sano».


El motor político del miedo

BERNAT CASTANY PRADO, «Mi mapa de miedos políticos Pedro y el lobo» – Tinta libre diciembre 2024 (pág. 12-17)

https://www.infolibre.es/tintalibre/mapa-miedos-politicos-pedro-lobo_1_1915837.html

«Lo que está claro es que el miedo, […] es una de las fuentes más duraderas, provechosas y sucias de la historia.»

como mostró Isaac Rosa en El país del miedo, cada clase social suele verse torturada por unos miedos específicos. Porque no pueden temer las mismas cosas aquellos que viven apremiados por necesidades económicas inmediatas, y aquellos cuyo bienestar les permite torturarse con otro tipo de amenazas, más tardías o difusas, cuando no directamente neuróticas. Tal y como apuntaba el lema que los chalecos amarillos enarbolaron durante sus protestas, desde octubre de 2018: “Vuestro fin del mundo, nuestro fin de mes.” De ahí que la extrema derecha, y la derecha extremada (esto es, la derecha que opta por entrar en competición y alianza con la extrema derecha, haciéndole de este modo el favor de naturalizar sus ideas), desarrolle un doble discurso, que busca excitar, a la vez, los miedos supervivenciales de las clases más desfavorecidas, y los miedos ideológicos de las clases pudientes.

[…]

También existen miedos diferentes según los países o las regiones. Sin duda, no experimentan los mismos tipos de miedo los habitantes de países en los que existen tasas de pobreza y de criminalidad realmente elevadas, como Sudán o México (a los que podríamos añadir los habitantes del cuarto mundo, que podemos hallar en Detroit o París), que aquellos que viven en países como Austria, Suiza o Dinamarca. Los primeros lo único que desean es sobrevivir como individuos, para lo cual están dispuestos a apoyar o a someterse a gobiernos tiránicos, o a arriesgar sus vidas para huir del peligro. Que es exactamente lo mismo que haríamos todos. Los segundos viven con el miedo de ser invadidos por los primeros, frente a lo cual también están dispuestos a apoyar o a someterse a aquellos partidos políticos que les prometen una seguridad cuyo precio ellos mismos aumentan hasta el delirio exagerando o inventando las amenazas reales. […]

Y, según nuestra tendencia ideológica, podemos llegar a distinguir entre miedos de derechas (como aquellos que despierta en algunos el avance, real o imaginario, del comunismo o la extrema izquierda, el olvido de la tradición o la disolución de los lazos sociales tradicionales) y miedos de izquierdas (como los que provoca el avance, hoy en día bastante real, del fascismo o la extrema derecha, la reimposición de los viejos lazos sociales, el aumento de la desprotección o la precariedad). […]

[Entre los miedos de derechas] la teoría del gran reemplazo, de Renaud Camus, es vista como un lento desembarco de un ejército musulmán, que busca reconquistar Europa.

«Si realmente deseamos evitar que los mercaderes del miedo hagan su agosto con nosotros»

[Recordemos que] existe una suerte de ley política en virtud de la cual, ante la falta de respuesta, uno acepta cualquier respuesta.

[…]

[Nos estamos jugando demasiado para abandonarnos porque] Como decía Montaigne, el miedo es el padre de la crueldad.

Debemos ser conscientes de la sofisticada estrategia que tanto la derecha como la extrema derecha están poniendo en marcha (seguramente no ha sido proyectada así, pero lo cierto es que les ha salido redonda): miedo y dinero.

Un discurso del miedo dirigido a un sentimiento básico que todos poseemos y ante el que muchos no son capaces de reaccionar, sobre todo si es suficientemente intenso. Y unos medios de comunicación y unas redes sociales dominadas económicamente por ellos que utilizan los algoritmos para dar la dosis de miedo personal para cada uno. Porque, como ocurre en el mundo de Orwell de 1984 hay que buscar, para cada uno, aquello que le da miedo; no vale cualquier tortura, es necesario la personalización del miedo: en el caso del protagonista es aquella jaula que atan a su cara y en la que dentro dejan suelta a una rata hambrienta.

Unamos a esto unos partidos que repiten el eslogan de la reducción del Estado y la bajada de los impuestos, un mecanismo sobradamente conocido para favorecer a los más ricos (los más pobres quedan totalmente desatendidos sin posibilidad de acceder a la educación superior de calidad que es la que permite entrar en el famoso «ascensor social». En otras palabras, los más ricos se reservan así de la competencia y ganan para ellos los puestos de responsabilidad, los de dirección de la sociedad y de las empresas así como la dirección política. La bajada de impuestos supones, asimismo, un aumento de las desigualdades, la creación de una sociedad más injusta y, por tanto una sociedad inestable en la que la pobreza lleva a la delincuencia y la delincuencia a fomentar el miedo que vuelve a ser la gran baza de una política que ya no habla de razones sino de sentimientos.

Me da miedo que las cosas cambien

Ortega y Gasset llamó «ontofobia» al sentimiento que surge en aquellos para los cuales la aceptación de la vida y de sus rasgos es inasumible. Son personas incapaces de aceptar el carácter cambiante, imperfecto y mezclado de la realidad (que nos enseñó Heráclito).

Pero quien quiera un mundo que no se mueva, que no se renueve, que no se mezcle y que no manche no tiene más que matarse, porque ese mundo es la nada. A los ontofóbicos les pasa como a los teólogos medievales, que la visión asqueada y aterrorizada del mundo material del nacimiento y la corrupción, les lleva a rechazar, e incluso a destruir, la vida. Pero, si en lugar de fijarnos en la corrupción y en lugar de intentar frenarla con nuestras murallas en el aire, nos fijásemos en el nacimiento quizás nuestra vivencia del proceso cambiaría un poco.

[…]


Se trata de ser capaces de seguirle el ritmo a la historia y en lugar de encerrarnos en la melancolía autodestructiva del que desea que los relojes se detengan, como sucede en las elegías, prefiere abrirse a ese valiente mundo nuevo que ha llegado para quedarse. Para lo cual quizás podemos sustituir las pasiones tristes del miedo, la melancolía y el odio, por las pasiones alegres de la curiosidad (“¿cómo demonios será el mundo que viene?”)

[…]


Quizás alguien con el estómago delicado, demasiado acostumbrado a la droga dura del privilegio o al dulce veneno del esencialismo, pueda sentir ante este tipo de visiones la bajona de la melancolía o el síndrome de abstinencia de la rabia. No sería la primera vez que una persona en proceso de desintoxicación ataca a los enfermeros, confundiéndolos con cucarachas o ratas gigantes, como en el cuento Los destiladores de naranjas, de Horacio Quiroga. Pero mejor una realidad modesta que una fantasía fastuosa o faustosa. Porque no se trata de vender al demonio de nuestros sueños el alma de nuestro ser real.
La muerte es la metralla de la vida, y quien no esté dispuesto a aceptarlo, debería llamar hoy mismo a Melancohólicos Anónimos.

[…]


De modo que, además de lidiar con los factores objetivos que intensifican y desarreglan el miedo, debemos esforzarnos por cambiar nuestra subjetividad con el objetivo de hacernos capaces de vivir poderosamente en un mundo peligroso, o de vivir peligrosamente en un mundo poderoso. No importa. Necesitamos el dato y el relato. Como reza una de las bóvedas de la Abadía de San Juan Evangelista en Parma: Feras si domes feras. Si domas las fieras, las soportarás. Nadie dijo que sería fácil. Basta con que sea estimulante.


¿Puede considerarse a Donald Trump un ejemplo de fascismo?

https://www.infolibre.es/mediapart/donald-trump-fascista_1_1890640.html

No exactamente, si nos fijamos en la definición clásica que arranca en el periodo de entreguerras, pues existen importantes diferencias entre lo que él propone y el fascismo original; de hecho, hay quienes proponen el uso del término neofascismo para referirse a este nuevo «pastiche» de la extrema derecha en el que se mezclan características del fascismo originario con otras propias del neoliberalismo más salvaje.

Según Nicolas Lebourg, la diferencia específica del fascismo podría recogerse en la siguiente definición: “Un partido-milicia que quiere construir un hombre nuevo mediante un Estado totalitario en el interior y una guerra imperialista en el exterior”.

Fabien Escalona en Mediapart «¿Donald Trump es un fascista?»

Así pues, aunque existe una hipermilitarización de la sociedad americana: nunca, en la historia reciente de EE.UU., ha habido una proporción tan grande de personas entrenadas con armas y dispuestas a utilizarlas (recordemos el asalto al Capitolio de enero de 2020), no podemos ver ese fascismo originario uniformador de la población basado en «valores heroicos o de sacrificio» y expansivo en lo internacional porque lo que Trump propone es un nacionalismo aislacionista en el que las importaciones sean gravadas con altas cargas para salvaguardar el trabajo y la producción nacional.

Son dos los hechos fundamentales que han inclinado, a ciertos autores, a tildar de fascista la actitud de Trump:

  1. La toma violenta del Congreso, promovida por él, para evitar la alternancia política como consecuencia de los resultados de las elecciones de 2020. De hecho, él rompió la tradición según la cual el nuevo presidente es recibido por el saliente para organizar una transición ordenada.
  2. La publicación, el año pasado, del «Proyecto 2025”. Un ideario de cientos de páginas editado por la Heritage Foundation (un think tank próximo al Partido Republicano) en el que se sueña con la puesta en marcha de manera imperiosa de una «contrarrevolución” para salvar a los Estados Unidos de sus enemigos, a los que identifica como todos aquellos opuestos a «la dominación blanca, cristiana y patriarcal». En este mismo informe se describe cómo dichos enemigos han ido colonizando de manera metódica todo el aparato del estado; de ahí la propuesta de Trump de contar con Elon Musk para una depuración completa de la administración, con el pretexto de hacerla más eficiente y más barata (es decir, reduciendo su poder y su tamaño). No olvidemos que Trump propuso, en campaña, eliminar aquellas agencias estatales que podían controlar su acción de gobierno. No podemos dudar, entonces que las intenciones del nuevo presidente de EE.UU. no son, precisamente, acordes con los principios de un estado de derecho en el que la separación de poderes permite la creación de unos imprescindibles mecanismo de control.
  • Está claro que Donald Trump es un peligro para la democracia que desprecia. Así se explica que nunca haya reconocido haber perdido las elecciones de 2020 frente a Joe Biden. De hecho, dice ahora abiertamente que no está dispuesto a reconocer otro resultado de las urnas que no sea el que le designe a él como vencedor. Llegando, incluso, a tener preparado todo un despliegue para denunciar las elecciones si no se da este resultado.
  • En uno de sus mítines en el que buscaba fortalecer el apoyo de los cristianos evangélicos dijo aquello de votadme a mí y será la última vez que tengáis que votar. Y bien que ha recibido su apoyo, por su decisión de eliminar el aborto en todos los casos, incluso en los más graves.
  • Asimismo, hablando con la comunidad judía les dijo: o soy presidente o dentro de muy poco no existirá el estado de Israel.
  • Yo acabaré en poco tiempo con la guerra de Ucrania. Aterrador: parece decir aquello de: «Dejadme a mí, que esto lo arreglo yo en dos minutos». Esto y cualquier otra cosa.
  • Se ve apoyado por los ultrarricos. La noche de las elecciones la ha pasado junto a Elon Musk. A todos ellos les ha prometido leyes antirregulación para sus negocios y también para las criptomonedas.
  • «el trumpismo es una especie de híbrido entre una lógica fascista y una cultura neoliberal de empresario fascinada por la celebridad y conchabada con una base evangélica ultrapuritana.» De hecho, sus mítines recuerdan a «los mítines fascistas [que] suelen adoptar la forma de exhibiciones de fuerza, masculinidad tóxica y crueldad cínica, con oponentes escarnecidos y dejados a merced de la multitud». (Jason Blakely)
  • Es, asimismo, un desprecio hacia las personas empáticas, deseosas de corregir las injusticias, legalistas, amigos de la igualdad, incapaces de tomar las armas para defenderse por sí mismos,… a los que consideran seres débiles y, por lo tanto, despreciables.

Como nos lo describe Juanlu Sánchez en su correo diario «Al día»:

Estados Unidos lanza un mensaje claro, por si nos queríamos hacer los tontos: no, no nos equivocamos eligiendo a Trump la primera vez. Os confirmamos que queremos a este delincuente condenado, mentiroso compulsivo, pollo sin cabeza de la política que desprecia el orden institucional. Queremos a un macho que frene todas esas ideas feministas, diversas, complejas, intelectuales, que están pervirtiendo nuestra nación y nos hacen sentir incómodos. Queremos a un empresario autoritario y absurdo, pero al que se le entiende cuando habla de trabajo y de fronteras. No nos importan sus insultos; es más, nos encanta que insulte. No nos importa que amague con golpes de Estado, es más, nos encanta ver cómo os saca de vuestras casillas. ¿Palestina? ¿Rusia? ¿Las relaciones con Europa? Que si quiere bolsa.

juanlu sánchez (el diario.es) «al día» 7/11/2024

El origen del éxito de esta nueva forma de política (peligrosa para la pervivencia de la democracia) tiene que ver con la desaparición progresiva de las clases medias. Se ha olvidado la recomendación de Aristóteles, según la cual, una sociedad se vuelve tremendamente inestable cuando las desigualdades son tales que concurre una minoría extremadamente rica y una mayoría extremadamente pobre. Como ocurrió con el fascismo originario, es esta clase resentida con su situación la que aúpa a una serie de iluminados de esos que dicen aquello de «¡déjame a mí, que esto lo arreglo yo!» sin, en ningún momento, explicar cómo lo va a hacer. Luego, cuando lo hacen, se ve que no es una buena idea, pero ya es demasiado tarde porque se han vuelto tan fuertes que es imposible acabar con ellos.

“el movimiento MAGA ha evolucionado de un movimiento populista de derechas a un movimiento fascista. Quiere derribar los legados del siglo XX, aboga por un nuevo apartheid, es anti-científico, se apoya en una masa de clases medias blancas desheredadas pero también en sectores del capital, y cuenta con grupos armados dispuestos al terror.”

Bill Fletcher


Incapaces de actuar. Incapaces de transformar el mundo

Hoy están bombardeando Líbano. Ayer estaban masacrando Gaza. Anteayer seguían activas multitud de guerras enquistadas. Por cierto, hoy siguen buscando los cadáveres de las sesenta personas (no números; personas con nombres y apellidos) que ayer se ahogaron llegando a la isla de El Hierro, porque todos se pusieron en la misma borda cuando vieron llegar al barco de «Salvamento marítimo».

Hemos perdido la capacidad para actuar, para escandalizarnos y para reaccionar. Ya no sabemos cómo hacerlo. Todo nos viene demasiado grande. Nos han convencido de que lo que hagamos no sirve para nada, y nos hemos refugiado en el individualismo, o lo que es lo mismo, en la soledad.

Los partidos de izquierda y los movimientos sociales era los principales motores de transformación, de cambio pero tampoco ellos han sabido canalizar la acción humana: la acción política.

Aunque en la sociedad existan colectivos, centros sociales, movimientos vecinales, cooperativas o grupos más o menos organizados, lo cierto es que estos no tienen representación política. Parece que no hay proyecto ni necesidad de él, en cambio aparece

una demanda confusa, que no tiene claro qué pide y contra quién se dirige, que toma los camino más diversos, empezando por una furiosa retirada a la esfera privada. […] [Asistiendo así a] un profundo proceso de pasivización y despolitización, que en el mejor de los casos produce queja, recriminación por todo, fenómenos reactivos, porque es incapaz de generar una representación estable de un deseo de cambio. […] [La política pierde así su dimensión colectiva y convierte al grupo social en un conjunto de] Individuos cada uno en posesión de un pequeño trozo de verdad, deambulando como sonámbulos, complaciendo prezosamente los impulsos que les guían y rechazando cualquier compromiso serio.
[Por eso nace, o se recupera (según lo veamos) un sentido antidemocrático en auge, ligado a los partidos de extrema derecha, y basado en un sentido autoritario del poder como salvación. Un poder que reclama un líder autoritario (Meloni, Trump, Milei, Orban,…) que marque las directrices. Es, en el fondo, un] intento de aprovechar la oportunidad de desarticular definitivamente la posibilidad de que los oprimidos se organicen, y también de construir simbólicamente un nuevo comienzo.

Salvatore Prinzi, Tinta Libre – Elogio de la heterodoxia – «La izquierda española en el espejo de la italiana»

¡Ah no, espera, que tenemos las redes «sociales»!

«Vivimos obsesionados por compartirlo todo: ideas e imágenes, selfies y memes, proyectos sesudos y frivolidades, direcciones y destinos turísticos, la manicura y el bostezo, bacanales y recogimientos, guerras y abusos, denuncias políticas y proclamas contra gobiernos, odios, likes, millones de likes…»

Iván de la Nuez, Tinta Libre – Elogio de la heterodoxia – «El arte de copiar», pág. 30

Es paradójico que vivamos en la época con los medios y herramientas de comunicación más potentes de la historia y, sin embargo, con la mayor cantidad de personas solas que la humanidad jamás haya conocido.


La nueva estrategia política que triunfa

https://www.infolibre.es/mediapart/trump-opcion-estrategas-caos-ira_1_1753844.html

¿Cómo transformar la ira y el descontento en votos?

  • La ira de los votantes hay que explotarla.
  • La ira es contagiosa, es viral.
  • Asistimos a la cultura del chivo expiatorio.
  • De la ira nace el deseo del caos: la impotencia convertida en cólera lleva al deseo de acabar con todo.
  • Para solucionar el caos resulta muy fácil proponer la figura de un nuevo César que no dudará en potenciar el miedo como arma política. Pensemos en Berlusconi y en su continuación: Donald Trump. Ambos representan al hombre triunfador, rico (lo que demuestra su éxito) que no se acerca a la política para enriquecerse (no lo necesita), lo que le da cierta tranquilidad (a la vez que envidia) a sus votantes. Personajes con carisma, inmorales, infieles e incluso condenados penalmente. Curiosamente, ambos se encuentran volcados en la política para escapar de los casos judiciales muy graves que hay contra ellos.
  • Sus valores son: el autoritarismo, el nacionalismo (con el consiguiente rechazo hacia los extranjeros), el rechazo a los valores democráticos, la deshumanización del adversario, el masculinismo,… (todos ellos muy próximos al fascismo).
  • Denuncian el colapso de nuestra civilización, algo que ellos se proponen evitar. De ahí que el problema, aunque sea nacional, sea, para ellos, mucho más amplio y preocupante.
  • En el fondo, todo está causado por una profunda crisis del sistema. La pérdida de nivel económico de una mayoría que se considera nativa y que se atribuye la propiedad del país. Este empobrecimiento es el que lo desencadena todo: dificultades para acceder a la vivienda, a la sanidad, a la educación, al trabajo, al nivel de vida que consideran les corresponde (de hecho, ven cómo este es peor que el de sus padres y eso es suficiente para descargar su rabia). Esta pérdida económica se identifica con una pérdida cultural provocada por la entrada de nuevas costumbres traídas por grupos sociales extranjeros (a los que vinculan con la criminalidad y a los que califican de indeseables). De ahí ese hooliganismo político que reivindica la identidad cultural y política del país.
  • Nacionalismo. Nacionalismo-populista.
  • Como decía Gabriel Rufián (ERC): si no tienes trabajo, ¡España!; si no puedes pagarte una casa, ¡España!; si no puedes llegar a fin de mes, ¡España!; si las cosas no te van bien, ¡España!. Esa es la única receta y el único discurso político que ofrece la ultraderecha española.
  • Es fomentar la desconfianza hacia el sistema político del estado social y democrático de derecho, al que se le considera corrupto. Los gobiernos existentes se califican de ilegítimos: ocurre en España; en el caso de EE.UU. los seguidores de Trump siguen repitiendo, sin pruebas, que las elecciones no las ganó Biden. ¿Por qué no acabar con un sistema así? – La respuesta es la puesta en marcha de una Guerra civil fría. Decía Aznar: el que pueda hacer, que haga. Seas ciudadano de a pié, político, juez o militar.
  • La rabia no quiere a candidatos preparados, moderados o intelectuales, quiere caos y motosierra (como en la Argentina de Milei).
  • En otras palabras: reflejos defensivos en tiempos de crisis; pero extremadamente preocupantes.

¿No hay propuestas políticas constructivas que puedan competir con esta política antidemocrática del caos?


Medios digitales tóxicos nacidos como setas

En los últimos tiempos han comenzado a surgir medios que se presentan a sí mismos como «medios de comunicación» con una serie de características compartidas:

  • Nacen de la escisión de medios clásicos de derechas.
  • Promueven la difusión de bulos y mentiras; informaciones tergiversadas o directamente inventadas.
  • Se financian de manera opaca.
  • Suelen depender de gobiernos autonómicos o municipales que los inundan con regalías de dinero público que después devuelven siendo fieles comunicadores de sus bulos y de sus argumentarios.
  • Desprecian las reglas básicas del periodismo. De hecho, no se caracterizan por su profesionalidad periodística cuando trasladan «informaciones» sin molestarse siquiera en contrastarlas.
  • Carecen de infraestructura nacional o internacional. De hecho, se centran en ser altavoces de los intereses que los mantienen.
  • Están centrados en provocar y amplificar la bronca política nacional.
  • Y, sobre todo, mienten descaradamente sobre su importancia social al falsear sin rubor su audiencia.

El fraude flagrante de algunos digitales

https://www.infolibre.es/tintalibre/fraude-flagrante-digitales_1_1754973.html

Su impacto en la sociedad no es gigantesco pero su toxicidad es real y cotidiana.

[…]

Destacan los más asentados, como El Español, del antiguo director de El Mundo Pedro J. Ramírez, y OKdiario, del tertuliano y también ex de El Mundo Eduardo Inda. Pero hay muchos más, desde el The Objective de Álvaro Nieto (el redactor jefe más breve de la historia de El País) hasta El Debate (órgano de la Asociación Católica de Propagandistas que dirige Bieito Rubido, ex director de ABC), pasando por el VozPópuli de Jesús Cacho hasta llegar a panfletos (en el peor sentido de la palabra) como Libertad Digital o EDATV, los dos controlados por antiguos periodistas de El Mundo convertidos en activistas de ultraderecha. Todos compiten en nichos de mercado muy cercanos, a la derecha de diarios tradicionales como El Mundo o ABC.

¿Cuál es el impacto real de estos digitales? ¿Debemos encender las luces de alerta ante la propagación casi diaria de bulos y de informaciones tendenciosas y tergiversadas cuando no totalmente inventadas? ¿O son herramientas políticas sin impacto potente porque sus audiencias son raquíticas fuera de círculos, principalmente madrileños, de extrema derecha? ¿Cuánto pesan? ¿Son reales las audiencias que declaran?

idafe martín, tinta libre (infolibre), abril 2024, pág. 20

Cuesta creer que las audiencias que proclaman, con millones de «usuarios únicos» sean ciertas cuando se conoce que en sitios web como «Best Web Traffic» se pueden comprar 200.000 visitantes de la web que se les indique por algo más de mil dólares. Y por menos de 10.000 € se pueden comprar dos millones de «usuarios únicos» para cualquier web.

De hecho, nos venden que El Español (con 16,8 millones) supera en «usuarios únicos» a El País o la Vanguardia y que OKdiario (13,5 millones) tiene casi los mismos que ABC (13.1 millones). Algo que, como mínimo sorprende. Sobre todo si pensamos que los niveles de audiencia declarados por diarios gigantes como Le Monde o The Guardian está en los 22 millones de «usuarios únicos».

Por ello, se ha optado por comprobar estos datos mediante distintos sistemas alternativos de cotejamiento.

Uno consiste en medir el número de seguidores de estos medios en las principales redes sociales (X, Facebook, Instagram, Youtube, Linkedin y Tiktok), y aquí sí que parece que se establecen diferencias más reales: «El País tiene 20,5 millones, El Mundo 11,8, El Español 2,3, OKdiario 1,8, Libertad Digital 1,2, The Objective 0,45, EDATV 0,4, El Debate 0,35, La Gaceta 0,34 y Vozpópuli 0,33.» (Ibid, pág. 20)

Si El País tiene casi 8,8 millones de seguidores en la red social y presumía hace un año de 17,3 millones de “usuarios únicos”, ¿es creíble que El Debate, que lleva meses peleando para llegar a 55.000 seguidores en X, ¿alegue tener más de 12 millones de “usuarios únicos”? Si The Objective ronda los 157.000 seguidores en X, ¿tiene realmente 10 millones de “usuarios únicos”?

[…] [Otro indicador lo encontramos en YouTube]

Hace casi tres meses Álvaro Nieto, director de The Objective, subió un video de casi dos minutos en el que analizaba la foto de los enviados del PSOE a Bruselas para reunirse con el expresidente catalán Carles Puigdemont. Un tema que polariza, que genera audiencias y que su diario cubrió ampliamente. La cuenta en X de su digital lo posteó. Ese video no llegaba al cierre de esta pieza a las 550 visualizaciones. El último video de Pepa Bueno, directora de El País, analizando el resultado electoral del 23J, suma más de 153.000 visualizaciones. Pepa Bueno supera los 450.000 seguidores en X mientras Álvaro Nieto no llega a 20.000. Nieto es más activo que Bueno en la red. Él tuiteó su video. Ella no.

ibid, pág. 21

Otro recurso para comprobar la validez de los datos de audiencia que publican es la revisión de las encuestas realizas por el CIS que pregunta por el medio al que los entrevistados acuden para informarse: «una cuarta parte de los encuestados respondió El País mientras que algunos de esos medios no aparecieron ni entre el 0,1% de los encuestados» (Ibid, pág. 20). El Español, que si creyéramos los datos de Pedro J. Ramírez sería el diario en español más leído del planeta (superando a El País, al argentino Clarín con 700.000 suscriptores o al mejicano Reforma), sólo era elegido en la encuesta del CIS por el 1,2% de los encuestados.

Un tercer camino para comprobar la validez de las supuestas audiencias y del impacto de un medio consiste en medir la publicidad privada que reciben (lógicamente la institucional puede tener una intencionalidad política que la hace inútil para este objetivo). «Salvo excepciones por motivos espúreos, ninguna empresa privada pagaría publicidad en un medio si supiera que su anuncio llegaría a muy poca gente. Medios como los referidos The Objective o El Debate apenas tienen publicidad. Dando por sentado que no reniegan de publicar anuncios porque algunos sí consiguen, y teniendo en cuenta que cualquiera preferiría vender baratos sus espacios publicitarios que no venderlos, la única explicación a que no tengan más publicidad es que no consiguen captarla por mucho que tiren las tarifas. O las empresas saben que sus audiencias reales son mucho menores de las que anuncian o no quieren verse relacionadas con medios cargados de bulos y defensa de postulados muy conservadores o directamente de extrema derecha«. (Ibid, pág. 21)

En suma,

su interés por todo lo que no sea la bronca política nacional es escaso o nulo, sus secciones de Internacional o no existen o son un largo surtido de cables de agencias y de todos esos medios sólo El Debate tiene corresponsalía en Bruselas. Raro es el día en que no se les desmiente alguna información. Si bien es cierto que algunos de sus redactores y directivos pasan por tertulias de radio y televisión y eso les da visibilidad, es una anomalía que esas personas tengan más seguidores en X que sus medios, periódicos cuyo impacto real en la conversación política, social, cultural y económica es residual. Mucho ruido y pocas nueces.

ibid, pág. 21

La nueva ley de medios aprobada por el Parlamento europeo va a obligar a los «medios de comunicación» a que hagan público quién los financia y qué publicidad institucional y pública reciben. En este sentido, España se sitúan en le vagón de cola de este tipo de transparencia, algo que deberá cambiar cuando se trasponga a la ley nacional la aprobada por Europa.

Una posible solución al problema planteado consiste en el establecimiento de un sello de calidad, como sucede en Noruega, que otorga una Comisión independiente que vela por que los medios certificados cumplan con una serie de estándares vinculados con la responsabilidad, la veracidad de la información y con el compromiso de hacer pública la rectificación cuando se detecte un error en los datos ofrecidos. El trabajo de esa Comisión es tramitar las quejas recibidas y hacer públicas las denuncia de aquellos medios que incumplen su compromiso, algo que les puede llevar a perder su «sello de calidad».