Como dice Pessoa […] «si el corazón pudiera pensar, se pararía».
[…]
Sí, después de pensarlo mucho, pienso que deberíamos pensar menos, y estar encantados de habernos desconocido.

íbid., pág. 39

La vida es perplejidad y la experiencia estética puede convertirse en una forma de afrontarla.

[En su «Crítica del juicio», KANT define la experiencia estética como] la contemplación gratuita del mundo, que deja pasar ante sí las formas, las palabras y los sucesos, sin tratar de reunirlos en estructuras conceptuales cerradas, sino permitiendo que se agreguen y se desagreguen libremente ante nosotros, como el que contempla las motas de polvo en un rayo de sol u observa cómo cambian las formas de las nubes. Quizás este tipo de mirada no agote la infinita variedad de experiencias […]. Pero designa una forma muy placentera, y muy libre, de mirar el mundo.

íbid., pág. 40

Y es que quien dibuja el terreno de juego de lo posible, ha ganado la partida de lo real.

íbid., pág. 40

Por eso la comicidad filosófica no aspira a vivir sin gravedad, sin abolir el falso realismo, para asumir el verdadero principio de realidad. Porque en gravedad cero, no es posible la vida, que está tan necesitada de puntos de apoyo como de puntos de impulso. No, nuestra aspiración no puede ser flotar incontroladamente, abrazados a la paloma de Kant, que soñaba con volar en el vacío, en el cual es imposible volar, porque sin resistencia no puede haber impulso… Sería mejor que aprendiésemos a encarar con ligereza la caída inevitable, como aquel hombre que se cayó de un rascacielos, y, a medida que caía, repetía: «Hasta ahora todo va bien, hasta ahora todo va bien…»

íbid., pág. 40